Parte 40

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Clementine era fuerte, solo que nunca supo que tanto lo era.

Creció rodeada de personas a las que superaba, se entrenó con ellos, vivió con ellos, respiro a su lado y por un breve momento de su vida creyó haber alcanzado el poder de esos 6 dioses que gobernaron la teocracia en el pasado.

"Que tonta he sido..." le dijo Clementine a su corazón, el día en el que entro a la escritura negra.

La fuerza y destreza de Clementine se quedó justo donde menos lo hubiese deseado. En el promedio. Seguramente se hubiese sentido mejor de haber caído en la categoría de "La más débil" dentro de la escritura negra... Pero el que tuviera la misma fuerza que la mayoría de miembros le hizo hervir la sangre, pues eso significaba que ella era fuerte, y que sus compañeros también lo eran.

Y es a su vez, quería decir que Clementine, quien era la mayor genio que se hubiera visto en su generación, no era nada más que basura para aquellas personas que se sentaba en el trono de las escrituras. Significaba entonces que jamás podría alcanzar el poder que ostentaba a aquella sucia mestiza, quien sin temor se proclamaba el arma secreta de la humanidad.

Ese pensamiento volvió de nuevo a su mente el día de hoy, pues se encontraba ante lo que el mundo llamaba una amenaza. Observo a la pequeña chica rubia arrugando la cara por el dolor que sentía su pecho. Clementine se recordó a si misma lo fuerte que era, y el como lo había descubierto, tras matar a uno de esos grandes héroes de la humanidad y arrebatarle una placa de oricalco, entendió su posición en este mundo.

Era fuerte... era la humana más fuerte.

Y algún día, iba a superar a esos malditos semidioses...

El primer paso para hacerlo, era este. Iba a masacrar a la mujer que venció al temido capitán guerrero, Gazef Stronoff.

Mientras observaba el rostro de la chica torcerse de dolor por el golpe que había recibido, Clementine respiro profundamente mientras extendía los brazos para recibir la fría brisa nocturna. Alegre de saber... que podía matar a la mujer frente a ella.

Clementine camino tranquilamente mientras balanceaba sus caderas de un lado al otro, a su vez los aventureros y la propia Enri retrocedieron con la misma cantidad de pasos que la asesinaba daba.

Ese movimiento seductor que nada tenía que ver con el combate, asusto a los experimentados aventureros y la princesa de la armadura blanca. Estaba claro el motivo por el cual se alejaban. Estaban aterrados por Clementine.

El corazón de la asesina se regocijo al ver el bonito rostro de la princesa palidecer en cuando dio un par de pasos hacia ella, le pareció divertido como esa linda chica torcía su cara por el dolor y la preocupación a la vez.

Lo único que le disgustaba es que en esta ocasión en particular, ninguno de los hombres que la rodeaba se detuvo a ver sus piernas perfectamente torneadas o se perdió en las curvas de su cintura y sus caderas cubiertas por un pequeño trozo de tela. Por lo general, Clementine disfrutaba ver como la mirada de lujuria de sus oponentes se convertía en pavor, pero parecía ser que no pasaría tal cosa en esta ocasión...

Sin embargo, había una cosa que alegraba a la asesina.

-¿Fuiste tú verdad?- Dijo en tono bajo Clementine.

-¿Yo?- pregunto Enri confundida.

-La que mato a Gazef ¡fuiste tú! ¡¿Verdad?!- dijo mientras sonreía eufóricamente.

Torpemente Enri respondido lo que Momonga le había dicho que dijera ante esa pregunta -¡El capitán no está muerto! ¡Solo ha sido capturado!- dijo, orgullosa de haber podido recordar sus líneas en medio de una situación tan complicada.

Overlord: Trinidad Caps 1-170Donde viven las historias. Descúbrelo ahora