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saber qué estaba haciendo usted con algo sí.


-Señorita Angorian -dijo Howl-, si ha oído todas esas cosas sobre mí, sabrá


que escribí mi tesis doctoral sobre conjuros y encantamientos. ¡Por su expresión


parece que estuviera haciendo magia negra! Le aseguro que nunca he usado ningún


tipo de conjuro en mi vida -Sophie no pudo evitar una ligera tos al oír aquella


mentira descarada-. Con la mano en el corazón -añadió Howl, lanzándole a


Sophie una mirada irritada-, le digo que este conjuro es solamente para estudiarlo.


Es muy viejo y excepcional. Por eso quería recuperarlo.


-Bueno, pues ya lo tiene -dijo la tajante señorita Angorian-. Antes de que se


vaya, ¿le importaría devolverme la hoja de los deberes? Las fotocopias cuestan


dinero.


Howl sacó el papel enseguida y lo levantó justo fuera de su alcance.


-Y ahora este poema -dijo-, me tiene intrigado. Es una tontería, en realidad,


pero no me acuerdo de cómo termina. Es de Walter Raleigh, ¿no?


La señorita Angorian lo miró con desprecio.


-Por supuesto que no. Es de John Donne y es muy conocido. Aquí tengo el libro


en el que aparece, si quiere refrescarse la memoria.


-Por favor -y por cómo siguió con la vista a la señorita Angorian hacia la


estantería, Sophie se dio cuenta de que aquella era la verdadera razón por la Howl


había venido a esta tierra extraña donde vivía su familia.


Pero a Howl no le importaría matar dos pájaros de un tiro.


-Señorita Angorian -dijo suplicante, observando su silueta cuando ella se


estiraba para coger el libro-, ¿consideraría usted la posibilidad de salir a cenar


conmigo esta noche?


La señorita Angorian se dio la vuelta con un gran libro en la mano, con una


expresión más severa que nunca.


-No -dijo-. Señor Jenkins, no sé qué habrá oído sobre mí, pero debe saber


que todavía me considero comprometida con Ben Sullivan...


-No sé quién es -dijo Howl.


-Mi prometido -dijo la señorita Angorian-. Desapareció hace años. Y ahora,


¿quiere que le lea en voz alta el poema?


-Por favor -dijo Howl, sin arredrarse-. Tiene usted una voz tan hermosa.


-Entonces empezaré con la segunda estrofa -dijo la señorita Angorian-, ya


que tiene la primera en la mano.


Leía muy bien, no solo melodiosamente sino en una forma en la que la segunda


estrofa parecía encajar con el ritmo de la primera, cosa que en opinión de Sophie no


ocurría en absoluto sobre el papel:

Si has nacido con visiones extrañas,


cosas invisibles a los ojos,


cabalga diez mil días con sus noches


hasta que la edad nieve de blanco tus cabellos.


Cuando regreses, me contarás

EL CASTILLO AMBULANTEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora