The scient

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El dispositivo metálico descansaba en el fondo del bolsillo de la chaqueta de Anna, frío y pesado contra sus muslos.

Había pasado semanas ajustando los niveles de frecuencia del prototipo, un mecanismo cilíndrico de origen desconocido capaz de suspender temporalmente el movimiento molecular de cualquier organismo vivo.

Para ella, hasta esa noche, no había sido más que un juguete tecnológico fascinante sin una aplicación verdaderamente estimulante.

​Todo cambió cuando su padre anunció que traería a cenar a Harry, su nuevo colega del departamento de investigación de la universidad.

​Desde el momento en que Harry cruzó el umbral de la casona, la atmósfera pareció densificarse. No era el típico académico al que Anna estaba acostumbrada a ver rondar por el despacho de su padre.

Harry poseía una presencia imponente, hombros anchos que estructuraban con perfección su traje a medida y una mirada verde, perspicaz y atrevida, que parecía descifrar a Anna antes de que ella pudiera articular palabra.

Durante toda la cena, mientras su padre hablaba sobre presupuestos, los ojos de Harry se desviaron hacia Anna en varias ocasiones, devolviendo sus miradas desafiantes con una serenidad que la irritaba y la encendía a partes iguales.

​Lo que Anna ignoraba era que Harry no descubrió el dispositivo esa misma noche por casualidad. Como investigador principal del departamento de tecnología avanzada, llevaba semanas estudiando las variaciones electromagnéticas que el padre de Anna registraba en sus notas.

Sabía que la joven e ingeniosa hija de su colega había encontrado los esquemas en el despacho y montado el prototipo en secreto. Anticipándose a cualquier imprevisto, Harry diseñó un pequeño emisor de contrafrecuencia, un artefacto portátil pulido como un gemelo de camisa que lo volvía completamente inmune al campo de estasis.

​La confirmación perfecta ocurrió minutos antes de la cena. En la cocina, mientras el padre de Anna le servía una copa de vino, Anna apareció en el marco de la puerta, apuntó disimuladamente con el cilindro y congeló al padre a mitad de una frase.

Harry sintió el sutil pulso electromagnético rebotar inofensivamente contra su propio emisor, pero simuló quedarse petrificado al instante. Anna solo buscaba ganar tiempo para tomar una botella del mueble, descongelando a ambos un segundo después.

Harry, fascinado por la audacia de la chica, decidió seguirle el juego: sabía que le atraía y no le molestaba en absoluto recibir algo de atención de la hija de su amigo. Quería ver hasta dónde era capaz de llegar si le facilitaba el terreno, listo para tenerla a su merced cuando ella bajara la guardia.

​El momento definitivo llegó en el comedor. Con la cena terminada y su padre entretenido preparando el café en la cocina, la penumbra de la sala se volvió el escenario de Anna. Deslizó la mano por el bolsillo de su chaqueta, apuntó hacia Harry por debajo de la mesa y presionó el disparador.

​Un pulso inaudible cristalizó el aire.

​Harry fijó la mirada al frente, manteniendo su cuerpo con una rigidez impecable. Por dentro, su pulso se aceleró de expectación. Sintió los pasos suaves de Anna rodeando la mesa, disfrutando de la impunidad absoluta que creía poseer.

​Anna se detuvo frente a él y no tardó en demostrar lo osada que podía ser. Con manos temblorosas pero decididas, comenzó a desabrochar la camisa de Harry, dejando al descubierto su pecho firme y un abdomen esculpido que delataba una disciplina física rigurosa.

Anna ahogó un suspiro y apoyó la palma abierta sobre su piel, maravillada por el calor que emanaba de él. Recorrió con la yema de los dedos cada relieve musculoso, sintiendo la firmeza de su torso mientras la marea de su propio deseo se volvía sofocante.

​Llevada por una marea de calor y la falsa certeza de tener el control total, Anna se recogió el vestido de seda. No llevaba nada por debajo. Con una audacia que sobrepasó cualquier previsión de Harry, se subió a su regazo, abriendo las piernas para montarlo por encima del pantalón de vestir de él.

​El contacto directo de su piel cálida e impúdica sobre la tela rugosa del pantalón hizo que Harry tuviera que emplear toda su fuerza de voluntad para no cerrar las manos sobre sus caderas de inmediato. Anna apoyó las manos en los hombros desnudos de Harry y comenzó a moverse con ritmos lentos, frotándose contra él con una desesperación creciente.

El roce constante de la tela rígida contra su centro la llevó al límite en cuestión de minutos. Con un jadeo sordo que amortiguó en el cuello de Harry, Anna se entregó a un orgasmo intenso que hizo temblar todo su cuerpo sobre su regazo.

​Agotada, respirando agitadamente con los ojos cerrados, Anna se dejó caer contra su pecho, saboreando el triunfo de su atrevimiento.

​Fue en ese instante de absoluta vulnerabilidad cuando sintió una mano grande, cálida y despiadada asentarse con firmeza en la curva de su cintura, sujetándola sin margen de escape.

​Harry inclinó la cabeza despacio, apoyando los labios en la oreja de una Anna que se petrificó de puro pánico.

​-Un dispositivo muy interesante, Anna... -murmuró Harry con una voz grave, profunda y cargada de una oscura satisfacción-. Pero cometiste el error de asumir que eras la única científica en esta sala. Sé perfectamente lo que construiste, y me aseguré de ser completamente inmune a él antes de poner un pie en esta casa.

​Anna abrió los ojos de golpe, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco violento.

​-Me dejaste ver hasta dónde eras capaz de llegar -continuó él, deslizándole la mano por el muslo desnudo con un agarre posesivo que la hizo estremecer-. Me usaste para tu placer... y ahora que me perteneces, te voy a mostrar exactamente lo que un hombre de verdad le hace a la querida hija de su amigo.



Holiiis. ¿Cómo están? Espero que muy bien y con muchas ganas de leer esta atrapante historia.

¿Qué les parece?

Quiero leer sus comentarioooosss.

A. S.

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