El aire en la habitación parecía haberse agotado. Anna dio dos pasos hacia adelante, acortando la distancia que su propio miedo había creado, y tomó las manos de Harry con firmeza.
Sus dedos estaban fríos, pero los apretó con toda la fuerza de su alma para transmitirle la verdad que las palabras aún no alcanzaban a articular.
-Escúchame bien, Harry. Mírame a los ojos -le pidió con la voz temblando por las lágrimas contenidas-. Jamás en la vida volverías a dudar de lo que siento por ti. No te estoy rechazando a ti. Te amo con todo lo que soy, con cada pedazo de mi corazón. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Harry la miró fijamente, respirando con dificultad, buscando en el rostro de Anna alguna grieta que contradijera sus palabras. Sin embargo, solo encontró una devoción absoluta y un dolor profundo por haberlo hecho sufrir.
-Si me alejé, si solté tu mano, si me tense cuando entraste... no fue por ti -continuó Anna, dejando que las lágrimas finalmente rodaran libremente por sus mejillas-. Fue porque me siento profundamente insegura. Desde que llegué a esta casa siento que no encajo. Tus padres me miran como si fuera una extraña, una intrusa que no cumple con las expectativas que ellos tenían para tu esposa. Cada comentario sobre las tradiciones, sobre el protocolo, sobre lo que se espera de alguien en tu posición, me hace sentir pequeña, inadecuada... incapaz de estar a tu altura ante los ojos de ellos.
Harry abrió la boca para interrumpir, pero ella negó con la cabeza, necesitando descargar todo el peso que llevaba guardado.
-Tuve miedo, Harry. Miedo de arruinar tu relación con ellos, miedo de ser la causa de un conflicto familiar o de que con el tiempo te dieras cuenta de que soy una carga para tu entorno. Quise hacerme invisible, quise tragarme todo y fingir que todo estaba bien para no dar problemas. Pero me equivoqué de la peor manera. Al intentar esconderme de ellos, me escondí de ti. Te dejé solo y te hice dudar de mi amor. Perdóname, cariño, por favor perdóname.
La revelación cayó sobre Harry con la fuerza de una revelación devastadora. La tensión en sus hombros se desvaneció al instante, reemplazada por un remordimiento feroz al comprender lo solo que la había dejado sentir en un territorio que se suponía debía acogerla.
Se dio cuenta de que su propia ceguera ante la frialdad sutil de sus padres la había empujado a un rincón, y que la inseguridad que ella sentía se había alimentado del entorno mientras él permanecía ajeno a su sufrimiento.
Sin pensarlo un segundo más, Harry la atrajo hacia él con ímpetu, envolviéndola en un abrazo tan apretado que a ambos les faltó el aliento. Sepultó el rostro en el cuello de Anna, respirando su aroma, mientras sus brazos la rodeaban como un escudo inexpugnable.
Anna se aferró a su espalda, dejando escapar un sollozo de alivio al volver a sentir el calor protector de su pecho.
-Fui un ciego, Anna... soy yo el que tiene que pedirte perdón -murmuró Harry contra su piel, con la voz cargada de una emoción pura y desgarradora-. Fui un idiota por dudar de ti y por no darme cuenta de lo que estabas pasando. Pensé que el problema era que ya no me amabas, cuando en realidad estabas sufriendo en silencio por intentar protegerme.
Harry se separó unos centímetros solo para tomar el rostro de Anna entre sus manos. Sus pulgares acariciaron con delicadeza las huellas de las lágrimas en las mejillas de ella, obligándola a sostenerle la mirada.
-Quiero que me escuches bien, porque esto es lo único que importa -dijo Harry, con una seriedad inquebrantable en la voz-. Mis padres pueden tener las expectativas que quieran, pueden seguir las tradiciones que deseen, pero ellos no van a vivir mi vida. La única opinión que me importa en este mundo es la tuya. La única persona con la que quiero construir un futuro, la única persona a la que elegí para que sea mi esposa y mi compañera, eres tú. No tienes que cambiar nada de ti para encajar aquí. Tú no tienes que ganarte el puesto de nadie, porque mi corazón te lo diste entero el primer día que te vi.
Anna cerró los ojos, sintiendo cómo las palabras de Harry borraban cada rastro de duda que la había atormentado durante horas.
-Esta es una realidad que vamos a afrontar juntos, como la pareja que somos -continuó Harry, pegando su frente a la de ella-. Si ellos no son capaces de ver la maravillosa, valiente y extraordinaria mujer que eres, el problema es de ellos, no tuyo. Pero nunca más vas a pasar por esto sola. Ni tú te aíslas en el silencio, ni yo vuelvo a dejar que te sientas desamparada en mi presencia. Somos un equipo, Anna. Y nadie va a poner en duda lo que construimos.
En esa habitación, rodeados por el silencio de la gran residencia, la distancia imaginaria se disolvió por completo. Se besaron con una pasión desesperada y lenta, un beso que selló una alianza nueva, firme y madura.
Ya no eran dos jóvenes intentando complacer a un entorno ajeno; eran una pareja unida, lista para mantenerse en pie frente a cualquier tormenta que se presentara.
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One Shots H. S. (+18)
Fiksi PenggemarHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
