Por la tarde, aprovechando que el padre de Anna había salido a resolver trámites universitarios, Camila caminó con pasos silenciosos hacia el taller del fondo. La puerta estaba entornada. Al asomarse por la rendija, la escena que presenció le cortó el aliento.
Harry estaba apoyado contra la gran mesa de trabajo de madera, y Anna se encontraba de pie frente a él, atrapada por completo entre sus piernas.
Harry le sujetaba la cintura con una mano grande y posesiva mientras le acariciaba el cuello, hablando en un susurro ronco que hacía que Anna mantuviera los ojos cerrados, totalmente rendida a su toque.
Un leve chirrido de la puerta delató a la asistente. Anna abrió los ojos de golpe, pero Harry no se inmovilizó. Sin soltar la cadera de Anna, giró despacio la cabeza hacia la puerta, clavando en Camila una mirada fría y cargada de autoridad.
-¿Se te ofrece algo, Camila? -preguntó Harry con voz serena.
Camila se quedó paralizada en el umbral, sofocada por la humillación de haber descubierto un momento tan íntimo.
-Yo... solo venía a traer las copias -alcanzó a decir Camila, dejando la carpeta sobre el mostrador antes de retirarse a toda prisa, comprendiendo que no tenía ninguna oportunidad frente al vínculo que unía a Harry con la hija de su colega.
Con los pasos de la asistente perdiéndose en la distancia, la tensión contenida en el taller detonó. Harry tomó a Anna por los muslos y la elevó en el aire, sentándola de golpe sobre el borde de la sólida mesa de trabajo. Las herramientas cayeron al suelo con un estrépito metálico.
-No me gusta que nadie se interponga en lo que es mío -murmuró Harry contra sus labios.
Le abrió las piernas de par en par y, despojándose del pantalón, se posicionó. Deslizó la punta caliente y húmeda por su centro antes de hundirse en ella de un solo impulso, profundo y deliberado. Anna echó la cabeza hacia atrás, clavando las uñas en los bíceps de Harry mientras un grito sofocado se le escapaba de la garganta.
Harry marcó un ritmo constante, potente y rítmico. Para profundizar aún más la penetración, tomó una de las piernas de Anna y la elevó sobre su propio hombro musculoso.
Desde esa postura, cada embestida alcanzaba lo más profundo de su ser, haciendo que las paredes internas de Anna se contrajeran en espasmos involuntarios en torno a su miembro.
-Mírame, Anna... Siénteme bien adentro. Eres mía, completa y absolutamente -ordenó él con voz ronca.
El roce constante provocó en Anna un orgasmo violento y prolongado. Su cuerpo entero se convulsionó, arqueando la espalda mientras gemía sin control. Al sentir las contracciones de Anna, Harry aceleró las embestidas y se derramó en su interior con un rugido sordo.
Sin darle tiempo a recuperarse, la tomó por la cintura y la hizo girar sobre la madera pulida. Anna apoyó los antebrazos sobre la superficie, con las caderas elevadas.
Harry se acomodó detrás de ella, sujeto sus caderas y se hundió de nuevo de un solo impulso despiadado.
En esa postura, la profundidad era total. Harry le tomó el cabello con suavidad para erguirle la cabeza, dictando el ritmo acelerado que terminó por llevarlos de nuevo al límite.
Anna se arqueó por completo, gimiendo mientras un segundo orgasmo la invadía, justo antes de que Harry volviera a llenarla en la penumbra del taller.
EPÍLOGO
Tres meses después, el ambiente en la casona había cambiado de forma irreversible. El proyecto de investigación universitario había concluido con un éxito rotundo, pero Harry no dio muestras de querer abandonar la propiedad. La habitación de huéspedes permanecía ocupada, aunque pocas eran las noches en que dormía en su propia cama.
El padre de Anna, ajeno a la absoluta transformación de la dinámica bajo su propio techo, celebraba con frecuencia la excelente química profesional entre su colega y su hija.
Para él, Anna simplemente había madurado, mostrando un interés sin precedentes por el trabajo de laboratorio y una serenidad que atribuía a la buena influencia académica de Harry.
Una tarde de domingo, mientras el padre leía el periódico en la galería del jardín, Anna se encontraba en el despacho revisando los esquemas finales de un nuevo prototipo. Harry entró en silencio, luciendo una camisa de vestir impecable. Se detuvo a su espalda y pasó los brazos alrededor de su cintura, apoyando la barbilla en su hombro.
Anna se reclinó instintivamente contra su pecho firme, sintiendo la mano de Harry descender con una familiaridad posesiva por su vientre. En el anular de la mano izquierda de él, la pequeña marca del emisor de contrafrecuencia seguía allí, como un recordatorio silencioso del día en que ella creyó tener el control.
-Tu padre acaba de sugerir que me quede como profesor permanente en la facultad -susurró Harry cerca de su oído, su voz grave provocándole un escalofrío inmediato-. Le dije que dependería de si la casa sigue siendo igual de hospitalaria.
Anna sonrió con lentitud, girando ligeramente la cabeza para buscar sus labios en un beso breve pero cargado de sumisión y pertenencia.
-Sabes perfectamente que de aquí no te vas a ir a ningún lado -murmuró ella, entrelazando sus dedos con los de él-. Este lugar te pertenece... y yo también.
Harry apretó su agarre sobre su cadera, dejando una sonrisa satisfecha contra su piel, sabiendo que la pequeña y atrevida hija de su amigo había encontrado, finalmente, al único hombre capaz de dominarla para siempre.
Holaaa. Nuevamente por aquí. Espero que esta historia haya sido interesante para ustedes también.
Mil gracias por su apoyo y sus mensajitos.
A. S.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
