The scient II

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El choque de descubrirse descubierta paralizó a Anna por completo, pero la humillación se mezcló de inmediato con una fascinación oscura. Lejos de huir, asintió levemente y dejó caer los brazos alrededor del cuello de Harry.

La sola idea de ser poseída por él, sabiendo que su padre continuaba congelado en la cocina, multiplicó su entrega.

Harry la levantó de su regazo en un movimiento fluido y firme. Sin hacer el menor ruido, la guio fuera del comedor, subiendo en silencio por la escalera hacia la habitación de ella.

Para entrar sin problemas, Harry utilizó un duplicado magnético de la llave que había localizado previamente en el taller.

Al cruzar el umbral, cerró la puerta de un golpe sordo. Ya no había espacio para las barreras.

Con manos decididas, Harry le despojó el vestido de seda, dejándola completamente desnuda bajo la tenue luz. Él terminó de quitarse la camisa y el pantalón, revelando su porte impecable y una anatomía de proporciones imponentes, gruesa y bien dotada, que delataba la intensidad del deseo acumulado.

Harry la tomó en sus brazos y la llevó a la cama, acomodándose entre sus piernas abiertas. Cuando se hundió en ella, despacio pero sin vacilación, Anna dejó escapar un ahogado gemido contra su cuello.

Él la poseyó con una pasión devoradora, marcando un ritmo profundo y dominante que la hizo olvidarse de todo. Cada embestida estaba calculada para reclamarla por completo.

En el momento culminante, Harry no se retiró; se derramó en su interior con chorros densos y calientes, dejando que ella sintiera la marca física de su rendición. Anna se estrechó contra él, temblando en una ola de plenitud y saciedad tan abrumadora que supo que nunca volvería a ver a otro hombre de la misma manera.

Tras unos minutos, Harry se vistió con calma metódica, ajustándose la camisa y la corbata como si nada hubiera ocurrido.

-Arréglate, Anna. Tu padre nos espera para el café -murmuró él con una sonrisa leve-. Y no lo hagas esperar.

Anna bajó al pasillo a toda prisa y, apuntando nuevamente con el cilindro metálico hacia la cocina, presionó el interruptor para desactivar el campo de estasis. El tiempo volvió a fluir. Su padre parpadeó, terminó de llenar las tazas y caminó hacia el comedor, completamente ajeno a lo sucedido.

Durante la charla en la mesa, su padre comentó lo cansadores que resultaban los viajes diarios de Harry desde la ciudad. Anna, sintiendo el roce sutil pero firme del zapato de Harry contra su pierna por debajo del mantel, no dudó en intervenir:

-Papá, si la investigación exige tanto tiempo, Harry debería quedarse a vivir con nosotros unos días. La habitación de huéspedes está lista.

El padre aceptó encantado la sugerencia. Harry sonrió de forma calculada, aceptando la propuesta mientras su pie avanzaba sin pudor por el muslo de Anna.

Apenas unas horas después, cuando la casa quedó en penumbra, Anna se coló en la habitación de huéspedes vistiendo solo un camisón de satén. Subió a la cama a gatas y buscó el pecho de Harry.

-Quiero que lo hagas de nuevo... lléname otra vez, Harry -suplicó en un susurro.

Harry la sujetó del mentón, besándola con una autoridad hambrienta antes de volcarla sobre la cama.

-Te encanta saber que estás a mi merced, ¿verdad? -le susurró al oído.
La poseyó nuevamente con un ritmo implacable, agotándola en la penumbra hasta dejarla exhausta sobre su pecho.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, la rutina pareció restablecerse hasta que la llegada de Camila, la nueva asistente de investigación del padre, alteró la paz. Camila era una joven elegante que no tardó en buscar la atención de Harry, ajustándose el escote y sugiriendo revisar informes a solas en el despacho.

Anna apretó las manos sobre su regazo, sintiendo una ola punzante de celos. Pero antes de que pudiera reaccionar, sintió el pie de Harry deslizarse con firmeza entre sus piernas por debajo del mantel.

-Le agradezco la iniciativa, Camila -dijo Harry sin quitarle los ojos de encima a Anna-, pero la señorita Anna conoce la dinámica de este proyecto mucho mejor. Su colaboración en el taller sigue siendo mi prioridad absoluta.

Anna le sostuvo la mirada, sintiendo el calor subirle por las mejillas mientras la asistente la observaba con evidente molestia.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora