Capítulo: 143. La verdadera razón

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Pdv: Mestionora

Después de enviar la conciencia de Katy de regreso, ordené a mi sirviente que convocara a Dregarnuhr y Ventuchte, pues debía informarles de mi conversación con nuestra hija más rebelde.

“Enseguida, mi lady”. Respondió el shumil dorado, inclinándose con gracia antes de retirarse. Su andar era ligero y elegante, y sus orejas se mecían suavemente mientras avanzaba hacia la salida, presto a cumplir mi voluntad y convocar a las Diosas a mi biblioteca.

Mientras aguardaba su regreso, observé con atención cómo los libros flotaban por voluntad propia y regresaban a sus estanterías, ordenándose con precisión perfecta. Aquel silencioso ballet de conocimiento facilitaba enormemente la organización de mi biblioteca.

“Estos hechizos y encantamientos provenientes del mundo de Katy y Myne son realmente útiles”. Murmuré con satisfacción, contemplando cómo el orden se restauraba por sí solo.

‘Me pregunto por qué Myne no empleó esta magia tan conveniente en el tejido roto’. Reflexioné para mis adentros. ‘Mmm… Tal vez este conocimiento no formaba parte de lo que aprendió en su vida anterior’.

Tomé asiento en mi escritorio y pronuncié con claridad: “Accio libro”. El volumen que había estado leyendo respondió de inmediato a mi llamado, deslizándose por el aire hasta posarse en mis manos.

‘Es verdaderamente conveniente. Ya no es necesario buscar ni depender de sirvientes. Basta con nombrar lo que deseo, y acude a mí. Qué magnífica invención’.

Reanudé la lectura mientras aguardaba. No transcurrió mucho tiempo antes de que mi sirviente regresara acompañado por la Diosa del Tejido, cuyo semblante revelaba una preocupación evidente.

“Lady Mestionora, es un placer volver a verla tan pronto”. Saludó Ventuchte con la cortesía que le era propia.

En tiempos recientes nos habíamos reunido con mayor frecuencia de lo habitual, debido a los acontecimientos relacionados con nuestras queridas hijas, Myne y Katy. Ventuchte continuó: “No obstante, no puedo permanecer aquí mucho tiempo. Liebeskhilfe siempre aprovecha cualquier descuido para entrometerse en mi precioso tejido”. Se quejó con una mueca de fastidio.

Luego murmuró, apenas audible: “Esa villana… siempre urdiendo travesuras”.

Suspiré con anticipación, consciente de la inevitable disputa que tarde o temprano surgiría entre ambas. Aun así, respondí con serenidad: “Bienvenida, mi querida Ventuchte. Me alegra verte nuevamente. No te preocupes, nuestra conversación no será extensa. Y hablando de tiempo… ¿dónde se encuentra Dregarnuhr…?”.

No había terminado la frase cuando Dregarnuhr apareció de improviso en el centro de mi biblioteca, diciendo:

“Oh, qué manifestación de magia tan extraordinaria”.

Sobresaltada, exclamé: “¡Ah, santos shumiles dorados! ¡Dregarnuhr, deja de hacer eso!”.

Desde que Katy fue adquirida, Dregarnuhr había comenzado a emplear —al igual que yo— gran parte de la magia concebida por nuestra rebelde hija. Magia que, irónicamente, Katy aún no ha llegado a utilizar ni a desarrollar por completo.

“Le ofrezco mis disculpas, Lady Mestionora. No fue mi intención sorprenderla. Aún no domino por completo esta magia”. Respondió Dregarnuhr con un dejo de vergüenza.

Luego se dirigió a Ventuchte con tono conciliador: “Mi querida Ventuchte, deja de preocuparte. Esto es importante. Y por favor, no inicies otra disputa con Liebeskhilfe. Bien sabes cómo es: caprichosa e incorregible”. Sus palabras lograron apaciguar parcialmente a la inquieta Diosa del Tejido, quien solo frunció el ceño en respuesta.

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