Capítulo: 21. El paquete de Chaocipher

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Pdv: Elvira

Hoy tenía una fiesta de té programada con mi hija Heidemarie. Habíamos acordado una reunión para alistar los últimos preparativos para la llegada de mi primer nieto, para la temporada de Schutzaria. Estaba tan emocionada por el feliz acontecimiento, ya que jamás ocurren cosas buenas. Ya casi no puedo recordar la última vez que me sentí verdaderamente dichosa...

'Creo que fue cuando me visitó Entrindunge por última vez. El nacimiento de mi hijo menor, Cornelius, trajo alegría a mi vida en tiempos en que Glucklitat me probó con severidad'.

Cuando mi hija Heidemarie llegó, yo misma salí a recibirla. Pero, al terminar de saludarnos y cuando nos disponíamos a ir al salón de té, de pronto tocaron la puerta. Por lo que mi asistente principal, Janeth, regresó a abrirla. Cuando me di cuenta de que se estaba tardando en anunciar a algún visitante inesperado, decidí ir a ver por si algo había ocurrido.

Cuando me acerqué a la puerta, vi a mi asistente, que miraba a su alrededor buscando a alguien en la entrada.

"¿Qué sucede, Janeth? ¿Quién es?", pregunté a mi asistente.

"Nadie, mi lady, pero dejaron un paquete que se ve sospechoso", respondió mi asistente, recogiéndolo.

"Déjame ver", ordené, ya que tenía curiosidad.

Esto era raro, pero mi curiosidad era mayor.

"Pero, mi lady, es peligroso. Podría ser una trampa. Al menos déjeme comprobar que no tenga veneno", dijo mi asistente Janeth, tomando la carta que estaba encima de la caja.

La tocó por todas partes, en busca de veneno, y luego me la entregó.

Cuando entramos, Heidemarie me preguntó:

"¿Quién era, madre?".

"No lo sé, no había nadie afuera, pero dejaron este paquete en la entrada", respondí, abriendo la carta.

En cuanto comencé a leer, mi corazón se llenó de terror y un escalofrío recorrió mi espalda.

Me quedé inmóvil durante unos instantes.

‘...’

'¿Qué es esto?'

‘¿Esa maldita Chaocipher llegaría tan lejos como para planear algo así de horroroso?’

‘Pero, más importante, ¿por qué está esto aquí?'.

Mi cabeza daba vueltas, con un sinfín de preguntas sin respuestas.

"Madre, ¿qué ocurre? ¿Está todo bien? ¿Qué dice esa carta que te puso así?", preguntó Heidemarie, preocupada, sacándome de mis pensamientos de confusión y miedo.

"Nada, hija. Vamos al salón de té, para que puedas tomar asiento y descansar. Pediré que nos sirvan el té enseguida", le indiqué a Heidemarie, para no preocuparla de manera innecesaria.

Y mientras nos dirigíamos al salón de té, Heidemarie insistió, diciendo:

"Madre, es obvio que algo anda mal. Por favor, dímelo. Yo estaré bien, lo prometo", suplicó con una expresión de ansiedad en su rostro.

Pero yo no quería preocuparla en su estado. Sin embargo, ella ya había visto mi reacción ante la carta y no tenía caso dejarla con la preocupación. Además, esto era algo importante, no podía ocultárselo.

Decidida, en cuanto estuvimos en el salón de té, cómodamente sentadas y con el té servido, le entregué la carta a Heidemarie para que la leyera. Luego le pedí el paquete a Janeth para revisarlo por fuera. No podía arriesgarme a abrirlo con Heidemarie aquí; eso sería demasiado peligroso para ella y para mi nieto.

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