Capítulo: 145. La pesadilla

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Pdv: Rozemyne

Temprano en la mañana, cuando aún mis asistentes no venían a levantarme, aproveché para ir a ver y comprobar que Cattleya estaba bien, y si tal vez había despertado durante la noche. Me bajé de la cama con rapidez y en silencio, para que no me descubrieran, y caminé apresurada hasta la habitación oculta.

Abrí la puerta y entré a hurtadillas para no despertar a la hermana Heidemarie, quien se había quedado dormida cuidando a mi hermanita. Me acerqué a la tina con Jureve para verla, pero ella ya no estaba allí.

El pánico inundó mi mente y mi corazón se llenó de pavor. Cuando me asomé y miré mejor dentro de la tina, lo único que había en el fondo, sumergido en el líquido azul, era una piedra mágica. Horrorizada, metí la mano en la Jureve para tomarla. Y al tenerla en mis manos lo supe... era Cattleya.

Caí de rodillas, incapaz de sostenerme en pie, acunando en mi pecho su piedra mágica...

"..."

"¡¡¡Nooooo!!!".

Un grito desgarrador salió desde mis entrañas.

Un inmenso dolor.

Desesperación.

"¡¡¡Cattleya, regresa!!!", continué gritando entre sollozos, mientras sentía cómo mi maná se salía desbocado de la caja donde había estado contenido.

"¡Lady Rozemyne! ¡Tranquilícese, solo fue un mal sueño! ¡Su maná se está filtrando, debe controlarlo!", intentaron despertarme y calmarme mis asistentes femeninas, junto con Brigitte, que estaba de guardia.

Había estado llorando incluso dentro de mi sueño, por lo que al despertar seguía llorando y llamando a mi hermanita a gritos. Al comprender que todo había sido una pesadilla, sentí un alivio momentáneo.

Cattleya no estaba muerta... solo fue una pesadilla.

Pero al notar que su lugar a mi lado estaba vacío, recordé que Cattleya aún se encontraba en la Jureve.

'¿Y si ya no está allí, como en mi pesadilla?'.

'¿Y si lo único que encuentro es su piedra mágica?'.

El miedo me cegó. Tenía que verla. Tenía que comprobar que estaba bien. Sentí cómo mi maná se hinchaba y se desbocaba en una tormenta de emociones.

Vi a mis asistentes apartarse, llevándose la mano al pecho antes de caer de rodillas. Las estaba aplastando sin querer. No era mi intención hacerles daño. Por eso me apresuré a bajar de la cama y prácticamente corrí hacia la habitación oculta. En mi mente solo había un objetivo: llegar a Cattleya y confirmar que seguía viva.

"¡Damuel, envía un ordonnanz a lord Ferdinand de inmediato!", oí ordenar a Brigitte justo antes de entrar.

Dentro solo estaba la hermana mayor Heidemarie, de pie junto a la tina con Jureve. Al verme, abrió los ojos con sobresalto e hizo una mueca de dolor, pero la ignoré en mi camino hacia la tina. Cuando miré dentro, Cattleya seguía allí, profundamente dormida.

Sentí un inmenso alivio... y un dolor igual de intenso.

"..."

"¡¡¡Aaaaaah!!!", lloré con un grito ahogado.

Ella estaba viva.

Lo que vi no fue real.

Me agarré el pecho, intentando tranquilizarme, mientras me acercaba a la tina con mi hermanita dentro. Ya era muy tarde en la noche; había pasado todo un día sin Cattleya.

'¿Cómo voy a dormir si las pesadillas me atormentan...?'.

'¿Cómo se supone que voy a seguir adelante sin mi hermanita...?'.

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