Pdv: Elvira
Al entrar en mi habitación oculta, indiqué a mis hijas —visiblemente incómodas y nerviosas— que tomaran asiento en la pequeña mesa donde solemos compartir el té. Es una costumbre que atesoro: nuestras discretas reuniones, las tardes dedicadas a bordar la capa de su prometido y, por supuesto, esas conversaciones que con tanta dedicación conduzco… aunque ellas probablemente las consideren interrogatorios acerca de sus progresos con Lord Ferdinand.
Había aguardado con ilusión el día en que mi hija Cattleya aceptara formalmente a Lord Ferdinand como su prometido. Sin embargo, jamás me detuve a imaginar cómo se desarrollaría ese instante ni qué emociones despertaría en mí. Y, en verdad, no esperaba que ocurriera con tanta premura. No estaba preparada para afrontar una escena así… menos aún cuando ambas han sido teñidas con su maná.
Cuando Lord Ferdinand, con evidente incomodidad, mencionó que las gemelas le habían besado la mejilla, confieso que quedé absolutamente sorprendida. Y todavía más al saber que fue Cattleya quien tomó la iniciativa.
‘Debo admitir que, mientras él relataba el incidente con tanta seriedad, mi corazón estaba… celebrando en silencio’.
Porque, al fin y al cabo, ¿qué madre amante del romance no se conmovería ante los primeros gestos sinceros de afecto entre sus hijas y el hombre que habrá de acompañarlas en su porvenir?
No obstante, Lord Ferdinand se mostró considerablemente preocupado. Me explicó que las gemelas habían percibido el dulzor de su maná al quedar teñidas por él. Aquello, más allá de la anécdota, confirmaba algo de mayor peso: Entrindunge, sin duda, visitaría a mis hijas en el futuro. Ya no cabía espacio para la incertidumbre.
Lejos de inquietarme, la noticia avivó en mí una profunda satisfacción.
También advertí que, pese a la incomodidad que intentaba mantener en su porte —y a su aparente preocupación por las demostraciones de afecto, tan poco discretas, de mis hijas—, Lord Ferdinand irradiaba una dicha imposible de disimular. Su semblante, habitualmente severo, se hallaba inusualmente luminoso.
Y aquello, para una madre observadora, no pasó inadvertido.
Por todo ello, consideré que había llegado el momento de cumplir con la parte restante de su educación como damas. Había pospuesto deliberadamente esas enseñanzas más delicadas, concediendo a su prometido el tiempo necesario para acercarse a sus corazones sin que la conciencia social noble interfiriera prematuramente.
Debo reconocer, con cierta admiración, que Lord Ferdinand logró lo que me propuse… en mucho menos tiempo del que había anticipado.
Comencé por explicarles con claridad lo que implicaba estar teñidas con el maná de Lord Ferdinand. Ese hecho, por sí solo, entrelazaba sus destinos de manera profunda, y más aún si el teñido resultaba permanente.
Les hablé tanto de las ventajas como de las posibles complicaciones que podrían surgir. Entre los beneficios, señalé que, llegado el momento, no sería necesario recurrir a pociones de sincronización para armonizar y mezclar su maná en las actividades propias del dormitorio conyugal. En términos prácticos, aquello representaba una unión más natural y fluida.
Sin embargo, los riesgos sociales eran considerablemente más delicados.
Con toda la severidad que la situación requería, les dejé en claro que bajo ninguna circunstancia debían comentar este asunto con terceros. Si surgía cualquier duda, debían acudir exclusivamente a mí. Asimismo, les advertí que fueran prudentes en cualquier actividad que implicara el uso de maná, pues una manifestación descuidada podría delatarlas y exponerlas públicamente como ya teñidas con el maná de su prometido.
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Juego de Shumil gemelos
Fanfiction¿Qué pasaría si Myne tuviera ayuda desde el principio? Si los Dioses le dieran una hermana gemela? Myne podrá ésta vez, salvar el jardín de los Dioses, con la ayuda de su nueva hermana? Podrá Yurgenschmidt sobrevivir a el par de shumil alborotadores...
