Capítulo: 132. Una inesperada invitación

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Pdv: Ferdinand

Estaba en medio del trabajo de elaboración de las horquillas para mis pequeñas Diosas, cuando llegó un ordonnanz de Elvira, solicitando una reunión urgente conmigo. Y en el momento, en que el mensaje se repitió tres veces, yo envié mi respuesta de forma inmediata. “Aquí Ferdinand, estaré allí para la cena”. Yo dije, aceptando reunirme con ella hoy mismo. 

‘La urgencia de Elvira para reunirnos, solo quería decir una cosa, problemas. Algo había sucedido en nuestra ausencia’. Con esta preocupación en mente, dejé mi trabajo y salí de mi habitación oculta para alistarme e ir a cenar en la residencia Linkberg. Como no quería preocupar de forma innecesaria a mis pequeñas Diosas, decidí hablar con ellas mañana temprano y cuando sepa bien lo que está sucediendo, así que por ahora las dejaré disfrutar de su lectura y su merecido descanso. De este modo, les di las últimas instrucciones a mis asistentes del templo, luego me dirigí a mi mansión junto a Justus y Eckhart. 

Al llegar a mi mansión dejé que mis sirvientes me dieran un agradable baño, para que luego me cambiaran con premura a mis nobles atuendos. Y en cuanto estuve listo, me dirigí a la mansión Linkberg junto con mis sirvientes, en nuestras bestias altas para asistir a la cena. Y al llegar allí, pude ver a Elvira y a Heidemarie esperándonos en la entrada, ya que Eckhart al salir de mi mansión le había enviado un ordonnanz, avisándole que ya íbamos en camino. Por lo que al aterrizar y deshacer nuestras bestias altas, nos acercamos para ofrecer nuestros nobles saludos de cortesía.  

“Oh, lord Ferdinand, es tan maravilloso que Dregarnuhr la Diosa del tiempo, haya respondido a mis oraciones, y haya tejido los hilos de nuestros destinos una vez más”. Elvira saludó con alegría mezclada con un poco de alivio en su voz. Y yo sabía muy bien, que Elvira al igual que Heidemarie estaban ansiosas por saber como están mis Diosas, sobre la recolección de su ingrediente de otoño y todo lo acontecido en la fiesta de la cosecha.

“Es bueno verlo con bien, lord Ferdinand”. Heidemarie saludó con ansiedad en sus ojos, y a su vez con alegría de verme con buena salud.

Ambas damas se veían ansiosas y curiosas, pero pude notar mas preocupación y ansiedad que curiosidad en los ojos de Elvira, mientras nos acomodábamos en la sala de recepción de la mansión Linkberg para tener una ligera y agradable conversación, antes de pasar al comedor. Ella me llenó de preguntas sobre sus traviesas hijas, cuyas hazañas tanto Eckhart como Justus gustosos me ayudaron a darle un detallado reporte, de las travesuras y locuras de mis pequeñas Diosas. 

“¡Oh mi Dios, oh mi Dios, oh mi Dios! ¡¿Que Cattleya hizo qué?! ¡Oh, mi Dios! ¡Darle una piedra de propuesta a su prometido tan pronto! ¿Y dicen que Rozemyne hizo lo mismo?”. Elvira exclamó muy emocionada cubriendo con gracia su boca con la mano, en un gesto delicado y elegante. “De Rozemyne no me extraña tanto, ya que la niña está muy enamorada de su prometido. Sin embargo, que Cattleya haga un movimiento tan romántico y osado… Es algo impensable, pero maravilloso”. Ella terminó de decir muy feliz y satisfecha, por el avance de los sentimientos de su hija. ‘Aunque en realidad Cattleya lo hizo sin saber el significado de lo que estaba haciendo…’. Y yo tenía muy claro esto en mi mente.

“Veo que mis pequeñas Ladys, necesitan saber más sobre estos temas, madre”. Heidemarie dijo algo preocupada por la falta de conciencia noble en sus pequeñas señoras, pero también pude notar el brillo de emoción en sus ojos y la diversión en su voz, mientras advertía de esto a Elvira.

“Si, lo sé hija. Debo cumplir con mi deber como su madre, y tendré que comenzar a tener este tipo de “charlas” con mis pequeñas hijas. Y así, ellas adquieran conciencia de la nobleza, con respecto a estos temas”. Elvira dijo algo decepcionada, creyendo que la desvergüenza de mis Diosas acabará con eso. ‘Pero yo no creo que eso suceda, lo más probable es que, aún siendo conscientes de que es inapropiado lo hagan igual’. 

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