122. Coronando el sur de tu cuerpo

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El regreso de los Muir ha sido una pausa en la pelea que comenzó unos minutos antes. De nuevo solos, Javier y Sofía continúan observándose el uno al otro como enemigos. El muchacho sabe la difícil tarea que le espera aquella noche, aunque confía en que la verdad sea más fuerte que la bronca que acumula la joven, que al momento lo enfrenta decidida a seguir la contienda.

–Te sientes feliz, ¿cierto?

–¿Y por qué crees que me siento feliz? Yo estoy tan confundido como tú.

–No te creo nada. Tú debiste saberlo antes, de lo contrario no hubieras venido a encontrarte con una desconocida.

–También lo hiciste tú, digo: venir a encontrarte con un desconocido.

–Yo soy libre –responde indignada–. Además, hace dos minutos que Lidia me contó que tenían otro invitado.

–¿Y qué con que me digas eso? ¿Por qué que yo tengo que creerte?

–Que me creas o no es tu problema y lo que menos me importa. Nosotros no tenemos nada; no nos debemos ninguna explicación de nuestros actos.

–Pues yo creo que sí.

–Ve si eres descarado, Javier. Estás comprometido con otra mujer y vienes a reclamarme a mí. De veras que...

–Yo no soy ningún descarado. –Se revuelve él–. Y el bololó que tú tienes en la cabeza lo vamos a aclarar en este momento.

–Yo no te voy a escuchar.

–¡Pero claro que me vas a escuchar! –ordena, harto ya– ¿Ajá? Pues si mi tío Diego, con el merequetengue que es su propia vida y el complique que tiene con Valentina, se ha preocupado porque nosotros nos veamos y solucionemos esta situación, pienso que al menos debemos intentarlo. Aunque sea por él. ¿No crees tú?

–No sé qué complicaciones puede tener Diego. –Se descompone Sofía, segura de que la va a querer embaucar con cualquier embuste que suavice su brusca actitud–. Lo más seguro es que se trate de otra de sus mujercitas. Ustedes no se cansan nunca...

–Para, Sofía. –La detiene con un gesto de la mano–. No vaya a ser que, con la rabia que traes contra mí, juzgues mal lo que desconoces y tengas que arrepentirte luego.

–Cuéntame entonces y acabemos con esto. Yo ya me quiero ir.

–Pues que a mi tío se le armó tremendo bochinche con Valentina. La tuvieron que internar en una clínica de reposo, porque estaba perdiendo el juicio. Si no es que lo perdió ya. Yo no sé.

–Pero ¿qué estás diciendo? ¿Qué le pasó a tu prima? –pregunta, por primera vez interesada en lo que está escuchando, dejando a un lado su enojo por un instante–. No supe nada.

–Yo me enteré recién ayer, cuando hablé con mi tío.

–¿A poco Valentina siguió con la babosada de faltar a la mujer de su papá?

–Más que eso. Llegó a provocarse un accidente con el carro, con el único propósito de hacer que Diego se volviera para Colombia.

–Y me imagino que lo logró.

–Pues sí. Aunque lo peor de todo es lo que hizo su mamá, Fernanda.

–¿Y qué hizo?

–La muy imbécil atentó contra la vida de mi tío –dice, sin acabar de creerlo él mismo–. ¿Cómo te parece?

–¡Híjole! ¿Tan grave fue la cosa?

–Tanto que, si Diego no se avispa lo cae a balazos.

–¿Tú no estarás tratando de conmoverme con esta historia?

La Peor de Mis LocurasStories to obsess over. Discover now