57. Es la mujer, divino ser...

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Diego ha subido de nuevo al dormitorio después de hablar con sus hijas. Marina continúa durmiendo y él aprovecha para tomar una ducha antes de despertarla. Pero cuando sale de nuevo al cuarto, con una toalla atada a la cintura, atusándose el pelo mojado con una mano, suena el teléfono por la línea interna y la mujer se gira en la cama, inquieta.

–Ya, mi amor, sigue durmiendo. –Se acerca a calmarla con un beso–. Fresca que yo tomo esa llamada.

–¿Qué hora es? –pregunta ella somnolienta.

–Todavía es temprano para que bajemos a comer. Duerme.

De todas formas Marina ya está despierta. Se incorpora y se abraza a su pecho, cuando él se sienta en la cama con el teléfono en la mano.

–Ajá, Daniel. Dime... Sí... ¿Cómo así?... Qué va, hermano... Pues claro que no molestas... –Marina escucha atenta las réplicas de Diego a los comentarios que le hacen desde el otro lado, intuyendo la conversación–. Así es... ¡Que sí te digo!... Ella está acá, a mi lado. ¿Quieres que te la pase?... Está bien... Aja. Todo perfecto... No, fresco... Te digo que no pasó nada. Nos agarramos a puños, pero como yo gané se tuvo que ceñir a mis deseos –bromea con su hermano, besando la frente de Marina que lo mira embelesada– Ya pasó... Sí, cómo no... Listo. Lo consulto con Marina y te llamo... No, hombre, ningún complique... De veras, hermano... Estamos bien... Ajá... ¿Me crees si te digo que hicimos el amor como dos locos? Ah, bueno... Te llamo al rato...

–¡Diego!

–¡Que pasó?

–¡Sos de cuarta! –le reprocha ella riendo.

–¿Por qué? ¿Yo que hice?

–Contar nuestras intimidades. ¿Te parece poco? Ahí nomás te faltó decirle que estoy acá, desnuda en tus brazos.

–Fíjate que esa era la idea –ríe–. Me contuve en el último segundo.

–No puedo con vos. Sos un loco insalvable.

–¿Y entonces? ¿Qué le hacemos?

–¿Qué quería tu hermano?

–Que vayamos a comer con ellos..., fuera.

–¿Volvieron? –Marina brinca en la cama. Se arrodilla envolviéndose en la sábana antes de abrazarlo riendo–. ¿En serio? ¡No lo puedo creer!

–¿Y entonces, qué? ¿Acaso lo dudabas? –Diego se deja abrazar–. ¡Bruja alcahueta!

–Me hace feliz que ellos estén bien.

–Dale. Toma un baño y te me pones bien linda, que vamos a celebrar con ellos –la apremia riendo–. ¡Apúrate!

–Y sí, voy.

–Espera un momentico –Diego la retiene a su lado un instante–. Antes te digo qué hablé con las niñas.

–¿Y? ¿En qué quedaron?

–Con las pequeñas todo perfecto. Dijeron exactamente lo que espera escuchar de ellas. A Valentina le hice prometer que no peleará más contigo mientras estemos acá.

–¿Y yo debo fiarme de su palabra?

–A mí jamás me falló. Tampoco ahora lo hará. Estoy seguro.

–Yo confío en lo que vos me digas.

Cuando un rato más tarde se encuentran con Daniel y su esposa en el corredor de la planta alta, listos para salir a su cena de celebración, Andrea corre a abrazar a Marina, agradecida por lo que hizo por ella. Los dos hombres observan la escena con una sonrisa satisfecha.

La Peor de Mis LocurasStories to obsess over. Discover now