10. MAR DEL PLATA

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Hacía mucho tiempo que Diego no pasaba tan mala noche.

Ni siquiera ha tomado en exceso, justo el vino de la cena y hasta en eso estuvo comedido. Pero igualmente le resulta imposible conciliar el sueño. En algún momento piensa en su situación y se sonríe. Si él fuera de aquellos que creen en brujerías, sin duda tendría que pensar que esa mujer lo ha embrujado con algún sortilegio extraño y bastante fuerte. De otro modo, ¿cómo puede ser que, tras veinte minutos en la tina, un cocimiento de tila y valeriana, y el más firme propósito de enmienda que se hizo nunca, no haya podido dejar de pensar en ella? No logra quedarse dormido. Y realmente necesita hacerlo porque tiene mucho trabajo pendiente, que debe dejar ultimado antes de su viaje a Colombia. Pero Marina... Su rostro, su cuerpo; aquella confesión suya hecha como al descuido. Todo lo sucedido en las últimas horas le da vueltas en la cabeza sin que consiga entender qué pasó. Por primera vez en su vida se siente incapaz de interpretar lo que le pasa con ella y tampoco puede dominarse a sí mismo. Bien es cierto que es una mujer hermosa, como muchas que ha conocido antes; él no le quita méritos a ninguna. Pero esta ni siquiera es su tipo, sino todo lo contrario. Bonita sí lo es. Muy bonita, diría. Sin embargo, es de mediana estatura, redondita, nada esbelta y, por si fuera poco, gritona y malgeniada como la conoció. Pues entonces, que le cuenten a ver: ¿Qué vaina es esta? ¿Qué carajos tiene Marina Bordonaba para que esté así? ¿Por qué no puede dejar de pensar en ella? ¿Por qué se le enredó el alma en un desorden de sentimientos cuando cruzaron sus miradas? Y lo más terrible de todo: ¿Dónde se vio que Diego Álvarez de Arauca se rehúse a pasar la noche con una mujer que lo atrae?

Esto no le puede estar pasando. Esto no sucedió y fue un mal sueño. Pero ¿qué sueño ni que sueño, si no durmió en toda la noche?

"Cógela suave, Diego. Si no hay nada que puedas hacer, lo mejor es prepararse para el día de trabajo y salir de una vez a la calle de camino al despacho. Puedes ir adelantando alguna cosita, mientras llega Nadia y ves si logras calmar tu deseo de tener a Marina de nuevo frente a frente. Pero sobre todo, tienes que dejar de llamarte imbécil –el bobo se te quedó chiquito después de haberlo escuchado de sus labios–, por no haber aceptado su invitación de la noche pasada. ¡Ay, Dieguito! ¡Quién te ha visto y quién te ve! ¿De cuándo acá tú hubieras rechazado semejante proposición de un bollito como ella, si no fuera porque te sientes abrumado, confundido y, lo que es peor, temeroso de tus impulsos que no puedes dominar? ¡La fregaste, mijo! Reconócelo. Quisiste quedar como un caballero y no pensaste que ese no era el momento de ponerle pereques. Tú, que te precias de ser el galán colombiano perfecto; el maestro; el frentero; el que odia el complique... Mira nada más lo que pasó. Te ves cortejado por ese pedazo de hembra y te achicopalaste, hermano –se dice, mientras espera el ascensor para subir a su despacho, ante el gesto de asombro del hombre de seguridad que se halla custodiando la entrada, que lo mira como si llegara tomado o enguayabado–. Ríete, sí. Pero si tu papá, el abuelo o tus hermanos, saben en las que andas, dirán que es para no creerlo. Obviando que tú te sientas dichoso, inmensamente feliz por haber actuado como lo hiciste, que eso nadie te lo quita, igualmente se llevarían las manos a la cabeza, pensando que estás incubando alguna enfermedad rara. ¿Y entonces? La conclusión a todas estas vainas, es que necesitas un poco de tiempo para reconocer tus sentimientos".

¿Más tiempo? ¿Tiempo para qué? ¿Con todo el que tuvo la noche pasada sin poder pegar ojo? No. Es más que suficiente si quiere aceptar lo que le está pasando. Que la imagen de Marina no se aparta de su mente; que escucha una y otra vez su voz revoloteándole en la cabeza. Que aquella mujer dijo que se ha enamorado de él y él la miró como un bobo. ¿Bobo? Pero ¿qué te está pasando, hombre? Es cierto es que andas embobado como un pendejo. ¡Pero, no! ¡Se terminó! No sucede nada. Son imaginaciones suyas, nada más.

La Peor de Mis LocurasStories to obsess over. Discover now