36. SANTA MARTA

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Mientras, en La Plata, a Marina le dan la noticia de su "complicidad" en la quiebra de la Steiner, en las oficinas centrales de La Naviera Sol de Arauca, en Santa Marta, las cosas parecen estar un poco mejor. El ambiente es más relajado que en días anteriores y los ánimos de todos andan en excelente estado.

Recién ayer Sergio supo, por su tío, que el abuelo había dado luz verde a la contratación de una mujer para el puesto creado en la gerencia. El muchacho no sabe si el viejo cambió de idea, porque David lo convenció de que es bueno para la empresa contar con la viva inteligencia femenina, o porque decidió darles a ellos un voto de confianza. No importa cual haya sido el motivo. Lo cierto es que él ha tenido en sus manos la hoja de vida de la joven, a la que se colocará como becaria, trabajando a tiempo parcial a largo plazo, en tanto concluye su licenciatura. Al echarle un vistazo a la fotografía que se muestra en la parte superior de la hoja de vida, se le hizo conocida, si bien, como no le interesa demasiado el aspecto físico de la mujer, no le prestó mayor atención. Por el momento lo único importante son los datos del documento y estos parecen acordes con las necesidades inmediatas de la empresa. Con todo el trabajo que tiene pendiente en el departamento de actividades comerciales, lo de menos es si la mujer es un bollito o un cuero. Pero finalmente hoy la va a conocer.

Un rato antes Carolina le dio aviso de que su tío y su abuelo lo esperan en la sala pequeña de juntas y se está preparando para ir a reunirse con ellos. Carolina Solís... Ese es otro de los asuntos pendientes que tiene que resolver cuanto antes, a poder ser aquel mismo día. No entiende por qué ahora le huye; todo el día esquivando su presencia cuando trata de que mantengan una conversación íntima. Después de lo que pasó en la cabaña del padre, el creyó que las cosas entre los dos iban a seguir un rumbo distinto, pero por lo visto esto no es lo mismo que piensa la joven al respecto.

En la sala pequeña están su abuelo y David, con una joven a la que él solo ve de espaldas. La muchacha está sentada, prudente, pero tan al borde de la silla que Sergio teme que vaya a resbalar y caer. Conversa con ellos formal y respetuosa; respondiendo a las preguntas que le hacen que, por lo que observa, no tienen nada que ver con el trabajo que va a desempeñar en la empresa. Don Ramiro, como hubiera hecho su abuela de estar presente en la sala, le ha preguntado por sus orígenes y espera haber llegado a tiempo para evitar que se remonten a sus ancestros. La mujer les está contando de donde proviene su familia y que es lo que ella hace en Santa Marta.

–¿Entonces, mijo? Sigue –lo saluda el abuelo al verlo llegar–. Te estamos esperando.

–Carolina me avisó recién –se disculpa cerrando la puerta tras él.

–Acércate, Sergio. Esta es la señorita Ana María Roca Uribe –la presenta David–. Nuestra nueva ayudante.

–Bienvenida a la empresa –la saluda tendiéndole la mano, que ella acepta desenvuelta.

Su tío David parece dichoso, por haber convencido al abuelo Ramiro para que acepte, al fin, contratar a una mujer joven en el departamento comercial, muy cerca de la gerencia. De todas formas, Sergio sabe que los dos hombres van a evaluar más tarde, con suspicacia, cada minuto de aquella primera entrevista. Por eso se angustia un poco al ver a la chica de frente y constatar que sí la conoce de algún lugar, aunque no recuerda todavía donde fue que la vio anteriormente. Ahora le preocupa que ella haya tenido la misma intuición, y llegue a hacer algún comentario inapropiado que ponga sobre aviso a los mayores. Pero no. La mujer simplemente lo mira con gesto de duda, sin expresar otra cosa que un saludo.

–Un gusto conocerte –dice, con una sonrisa– Encantada de que me den la oportunidad de trabajar con ustedes. Es un gran reto para mí.

–Espero que estés bien con nosotros.

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