94. Como caer al vacío

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Javier se siente feliz. Está dichoso; contento porque al fin su hermano hizo las cosas bien. Sergio dio el paso definitivo y ahora sí va a poder encauzar su vida al lado de la mujer que ama. ¿Y con quién podría ser más feliz que con Carolina Solís, su mejor amiga? Él conoce bien a la pelada, tan bien que a veces se pregunta por qué nunca se pudo enamorar de ella. Bueno, para no faltar a la verdad, tampoco es que lo haya intentado; en realidad ni siquiera lo pensó. Aunque hubiera estado bárbaro dar la razón a quienes siempre dijeron que ellos dos, con el paso de los años, acabarían casados y felices. Pero no se dio. No sabe porqué, pero no se dio. Jamás pudo sentir por su amiga un cariño distinto al que los une desde chicos, siempre juntos, compartiendo malos y buenos momentos. Y todo estaba bien así, como y donde debe estar. Si él la cuidó para alguien que la mereciera y la quisiera tal como era, con sus locuras, con su genio, sus arranques de mal humor, sus risas y sus llantos. ¿Y entonces? ¿Quién la merece más que su hermano, que es la persona más valiosa que él conoce, lo más importante que tiene en la vida? Por Sergio es lo que es; a su hermano se lo debe todo. Tiene que sentirse satisfecho por lo que pasó recién. Y lo está, eso qué duda cabe.

Ahora Javier anda en otros pasos. Ya quedó atrás el tiempo en el que quería que su vida fuera tan despreocupada como antes fue la de sus tíos, yendo de picaflor hasta que llegara el momento de encontrar a la mujer ideal, la que lo estaba esperando a él. Bien es cierto que Diego y Daniel serán siempre sus ídolos en cuestión de mujeres. Además de adorarlos como personas de bien, piensa que son los dos únicos hombres en el mundo que, según su forma de ver, le supieron sacar el jugo a la vida. Pero eso ya fue. Eran otros tiempos, otra manera de vivir y tal vez otra forma de mirar al futuro. Javier ahora siente otras cosas. Siente que ya ha llegado ese momento que no hace tanto imaginó lejano. Siente que, por primera vez, se enamoró de alguien a quien merece la pena amar y no quiere que eso se le escape de las manos por un mal paso suyo.

Y ese alguien no es otra que Sofía Maldonado. Sofía es la mujer con la que desea pasar el resto de sus días. Bien es cierto que tenía que haber corrido a contarle ayer, no bien terminó el almuerzo con su familia, y compartir con ella lo que había hecho Sergio y lo perfecto que a él le parecía todo entre. Pero no lo hizo. Pensó y pensó en una excusa que darle para entrar en su retiro y no encontró ninguna que ella no le pudiera rebatir. Tras los dos días pasados con ella en el apartamento, colaborándole con sus apuntes, y después de haber hecho el amor hasta caer rendidos, Sofía le había servido el almuerzo, pero no le permitió que se quedara a dormir sino que lo había mandado para la casa, argumentando –con mucho juicio– que iba a descansar mejor allá y ella misma también, si no tenía que preocuparse por él. Además tenía que reportarse con su familia, que sin duda estaría preocupada por su larga ausencia. Sin embargo, el argumento más firme fue hacerle ver que, sin él, ella se iba a concentrar más en sus tareas, ahora que ya no necesita de su ayuda con la computadora, centrándose en el estudio y los exámenes finales de las dos únicas materias que le quedan para concluir su carrera y completar la licenciatura.

Decidido, sale de La Casona sonriendo complacido; pensando en que la Nana esta vez se ha equivocado en su predicción meteorológica y en el consejo que le dio antes de salir:

–Tápate bien, mijo. Abrígate que ese cielo amenaza tormenta y van a bajar las temperaturas.

Qué cosas tiene su Nana. Dizque va a llover y van a bajar las temperaturas. ¿Pero cómo puede ser que amenace tormenta, si lo que él está viendo es un día espectacular, con el mismo cielo azul radiante y el mismo calor asfixiante de siempre? Bueno, no siempre tiene que acertar en todo. Se está haciendo mayor y alguna vez tiene que fallar, ¿verdad?

Sube en su carro convertible y le guarda el techo para, de camino mientras maneja, sentir la brisa que llega del mar y disfrutar del sol. Tan solo al parquear frente al edificio de apartamentos donde vive Sofía, se da cuenta de que dejó las llaves en la casa. Pero no importa, ella está allá y le va a abrir. Aunque le dé cantaleta al verlo, se le va a pasar en cuanto la abrace.

La Peor de Mis LocurasStories to obsess over. Discover now