Llegamos a la puerta de la casa junto al barandal del pequeño pasillo, estaba tan asustado que me era difícil contener las lágrimas.
—Emi… —dijo mi papá, algo disgustado, me miró y vió que estaba secándome la cara con mi ropa—. ¿Es cierto lo que dijo tu hermana?
—Hmm… sí pero…
—¿Qué paso?
—Es que yo no rompí la silla a propósito fue un-un a-accidente —expliqué con un leve sollozo, estaba muy nervioso, sentía miedo por cómo reaccionó y por la forma de traerme al lugar.
—No te creo nada, es más, yo diría que fue de otra forma —replicó seriamente.
—¡Es verdad, fue un accidente…! —reafirmé mientras me secaba las lágrimas con la mano, trataba de aguantar y no llorar pero los nervios me traicionaban.
—Sabes que ese accidente no fue nada gracioso y más por haberme caído con esa cosa rota ¿verdad? —agregó, disgustado, desabrochó su cinturón, se lo quitó y lo tomó con firmeza.
Al verlo hacer eso comencé a temblar de miedo, sabía que eso solo significaba una cosa así que ya no pude resistir más y comencé a llorar.
—Menos mal que no fue nada —murmuró, se volteó a mirarse por detrás del pantalón—. Qué bueno, no se rompió —agregó con una ligera carcajada.
Se sacudió el pantalón, me miró de nuevo y vió que estaba muy asustado. Sin embargo, me percaté que tenía una sonrisa en el rostro y se me hizo algo extraño.
—¡Hey, no llores que no te voy a hacer nada! —ordenó y soltó una ligera carcajada—. ¡Cálmate!
—¡No-no me hagas nada pa-papá, por favor! —rogué, sollozando.
—¿Qué? —preguntó, confundido. Miró su mano con el cinturón agarrado y rápidamente lo aventó al piso—. ¡No, espera! —exclamó, asombrado.
Intentó acercarse a mí pero yo estaba muy asustado y retrocedí en seguida sin pensarlo,
—¡Hijo, esto no es lo que crees!
—¡Fue un accidente, no pensé que alguien se caería con esa silla! —expliqué, nervioso.
—Lo sé, tranquilo. Eso ya no importa —agregó—. ¡No te voy a pegar y menos regañarte! ¡Cálmate!
—¿De verdad?
—Sí, de verdad —sonrió.
—¿Y el cinturón por qué te lo quitaste? —le pregunté, algo confundido.
—Es que quería ver si no se me rompió la ropa con la caída y con el cinturón puesto no puedo girarme un poco el pantalón para ver —soltó una ligera carcajada—. Además yo no te haría daño hijo, ¿cuando te hemos pegado?
—Hmm… nunca pero…
—¿Ves? Y no lo haré ahora ni en ningún momento. Así que tranquilízate.
—¿No me estás engañando?
—Sí hijo, no te estoy engañando… además aunque fuese así no te pegaría, no gano nada con eso. Sabes que es mejor platicar lo que sucede y llegar a un acuerdo.
Solté un suspiro tembloroso.
—Está bien...
—Es más en lugar de regañarte también quería pedirte que me ayudes con algo —explicó con una sonrisa.
—¿Cómo? No entiendo... ¿No estás molesto porqué te caiste por mi culpa?
—No, porqué sé que tú no la rompiste —respondió con una carcajada.
—Pero es que…
—Yo la rompí en la mañana —aclaró—. Pero no le dije nada a tú mamá porqué se enojaría por eso.
Escucharlo decir eso solo me confundió más.
—Pero es que hace rato yo me subí en esa silla y la rompí…
—No, Emi. Es que a mí me sirvió primero para componer un foco en el patio y sin querer se partió a la mitad. La armé como pude y la dejé a un lado.
—Ya estaba rota entonces; por eso no nos aguantó…
—¿Cómo?
—Es que estábamos viendo algo con Yael parados en esa silla, pero al bajarnos sin querer tropecé con ella, se cayó y se rompió fácilmente.
—Por eso. Es que ya estaba rota desde antes… La dejé a un lado y se me olvidó ponerla en la cochera de la casa de tus tios, no creí que se haya roto más hasta que entre ahora, me senté y bueno, ya viste qué pasó.
Suspiré, aliviado.
—¿Pero por qué me sacaste de la casa así? —le pregunté mientras me sobaba el brazo—. Me asusté y me dolió.
—Lo lamento mucho hijo, perdón por eso —se acercó a mí y me abrazó—. Es que tú mamá nos estaba viendo y tuve que regañarte para que vea, si no ella si lo haria de verdad y no quiero que te regañe por algo que fue mi culpa.
—Es que de verdad me asustaste y también a los chicos.
—Lo sé, lo ví y lo siento mucho. Es que si le decía la verdad a tu mamá en ese momento iba a creer que te estoy encubriendo y nos iba ir mal a los dos —soltó una ligera carcajada—. Asi que tenía que fingir que iba a regañarte, y por cierto, sí que me salió muy bien ¿Eh?
—Sí, y mucho… pero no lo vuelvas a hacer.
—Está bien, si sucede algo parecido ya no vuelvo a gritarte tanto y menos mostrarte un cinturón —dijo y soltó una carcajada—. Ya ví que enserio creíste que te iba a pegar con eso.
—Gracias papá, ¿pero qué ayuda necesitas?
—Mamá escuchó a tú hermanita decir que tú la rompiste, ella me preguntará luego si te dije algo y yo le diré que sí. Quiero que hagas lo mismo si ella te pregunta a tí; que yo te regañé, ¿entendido?
—Oh, está bien. Le diré por si acaso.
—Asi para que vea que también tengo la capacidad de regañarlos y no solo de consentirlos.
—Gracias papá, no le diré nada a mamá.
—Muy bien hijo, así quedamos.
—Sí, pero en verdad me asusté mucho —le dije soltando una ligera carcajada mientras me limpiaba la cara.
—Lo lamento de verdad, déjame ver tu brazo —me acerqué más a él y se lo enseñé pero no tenía nada, sólo sentía el brazo algo incómodo.
—Ya no duele, solo fue el susto.
—Que bueno, pensé que te lastimé de verdad.
—No, ya estoy bien.
—Otra cosa… no le vayas a decir a mamá que te asusté mucho o que creíste que te iba a pegar porqué me irá como en feria a mí de verdad, le tengo terror —soltó una carcajada—. Ella es terrible también y ni que decir si se trata de ustedes.
—Está bien, aquí no pasó nada —sonreí—. Cómo te dije; no le diré nada.
Terminaba de hablar con mi papá, de repente la puerta se abrió fuertemente y Yael salió a toda prisa.
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Amigos Inesperados 1 & 2 (Version Fanfic)
Roman pour AdolescentsAcompaña a Emi, un chico preadolescente en esta historia llena de emociones y aventuras junto a sus dos nuevos mejores amigos, mientras hacen lo que más les gusta; divertirse. En cada aventura aprenderán lecciones sobre la amistad, la responsabilida...
