Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Ese día en particular estaba demasiado caliente, la canícula era de aproximadamente 46 grados y todo el mundo sentía que se cocía vivo, y muchos habían sufrido golpes de calor.
Llevabas aquel vestido floreado que solías usar para días calurosos como estos, de tirantes y flojo de la parte baja que te llegaba hasta los muslos. Eras guapa y atraías la atención de muchas personas, pero nunca les dabas importancia, a excepción de cuando te interceptaban y no podías quitártelos de encima, justo como ahora, Aiden Monroe, quien siempre se la vivía jugándosela por pasar una noche contigo, y eso solo lo hacía cada vez que Daryl estaba fuera de Alexandria, no era tan estúpido como para terminar incrustado en alguna pared con una flecha atravesándole el craneo.
— ¿Continuarás con esto Aiden? — dices ya cansada de siempre la misma conversación.
— Soy perseverante — dice él mientras te sonríe de lado y se acerca a ti con toda la intención de molestarte.
— No, no eres perseverante, eres idiota y molesto, y estás perdiendo tu tiempo — intentas pasarle por un lado, pero el extiende su brazo tapándote el paso. Ruedas los ojos y te alejas unos cuantos pasos. — Aiden, tienes que parar con esto, no estoy interesada en ti —
El se lleva una mano a su pecho y finge estar ofendido, y te preparas para una charla sin resolución. El se acerca a ti y te toma rápidamente de la cintura, forcejeas con él y pones tus manos en su pecho en forma de escudo, alejando tu rostro.
— Para de una vez Aiden, te estas metiendo en un gran problema — lo empujas varias veces pero este aprieta su agarre, empiezas a asustarte, pero no por ti, si no en lo que pasaría si cierta persona ve en la manera que te tiene presa. — Suéltame Aiden, no me hagas gritar por tu madre — amenazas, lo harías si intentaba llegar a más lejos.
— ¿Porqué no me das una oportunidad? — acerca su rostro al tuyo y alejas tu cara todo lo que puedes de él.
— No estoy jugando, suéltame — forcejeas con el.
— ¿Es por el arquero ese? — el niega y se ríe, como si esto le causara gracia. — Por Dios _______, el es viejo, y tú eres joven, ¿Qué te puede ofrecer a esa edad? ¿Por lo menos aún funciona su... —
Tu puño termina sobre su rostro antes de que el pudiese terminar la frase, estabas furiosa y ofendida. Como habías tomado por sorpresa a Aiden, este retrocedió unos pasos cayendo al suelo, te agarras la mano con dolor, habías usado más fuerza de la necesaria.
El se lleva una mano a su rostro y te mira sorprendido, pero después sonríe complacido.
— ¿Sabes que solo haces que me gustes más? — haces una mueca de disgusto y le das la espalda, empezando a alejarte lo más rápido de el. — ¡Él no es bueno para ti! —
Sostienes tu mano contra tu pecho, está dolía mucho, y la tenías roja e hinchada, maldeciste en voz baja, volteas un poco y sacas tu dedo medio en dirección de Aiden, quien aún seguía en el suelo, viendo como te alejabas.