Raros (2)

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Nuevamente bañada, y con ropa limpia, te encuentras sentada en tu cama, meditando sobre si querías ir a esa dichosa fiesta de bienvenida

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Nuevamente bañada, y con ropa limpia, te encuentras sentada en tu cama, meditando sobre si querías ir a esa dichosa fiesta de bienvenida.

No querías ser grosera, pero no te sentías con ánimos de ir y fingir felicidad y que todo estaba bien.

Aun seguías triste por todas las muertes que habían sufrido desde la caída de la prisión, donde habías perdido a tu hermana mayor Izzy.

Juegas con un peluche que estaba en tu habitación cuando recién te mudaste, y al cual habías bautizado como señor Pampi, un osito color beige con un moñito rojo.

Ya todos estaban en la fiesta, solo tu estabas en la casa, o eso pensabas, pues de la habitación frente a la tuya se abre la puerta y vez a Daryl salir, bañado y bien vestido.

Levantas ligeramente tus cejas y una pequeña sonrisa se asoma en tus labios, la cual haces desaparecer cuando Daryl levanta su cabeza y te mira.

— ¿Qué? — pregunta con brusquedad, a lo cual te encoges de hombros.

— Nada, solo que te vez guapo — dices con simplicidad, haciendo que Daryl arrugara la cara, pero un ligero sonrojo se mostrara en sus mejillas.

— No digas tonterías — aparta un poco la vista, pero luego regresa a ti. — ¿Iras? —

Te encoges de hombros, y te levantas de la cama, acomodas el vestido en el cual te sentiste ridícula, pero que Carol había insistido que usaras. Un vestido blanco con dibujos de acuarelas de manga corta, hasta las rodillas.

— No lo sé, no me siento cómoda usando esto —

— ¿Y por que lo usas entonces? — cuestiona el hombre, mirándote de pies a cabeza, viendo que tenías leves cortes en las piernas, como evidencia de que te había depilado.

— Carol insistió — es todo lo que dices, volviendo a sentarte en la cama, mirando a la nada.

Daryl no dice nada, pero tampoco se mueve, solo se queda parado en la entrada de tu habitación, mirando como mirabas a la nada.

— Vamos —

Volteas a verlo, y ves su mano estirada, en señal de que la tomes.

— Pensé que no querías ir —

— Y no quiero ir, pero tu debes de convivir, no dejaré que te hagas más huraña de lo que eres —

Una sonrisa se te escapa y te levantas de la cama, caminando hasta el ojiazul, tomando su mano, sintiendo una chispa recorrer tu cuerpo.

Ambos caminan en las calles poco alumbradas de Alexandria, las calles vacías era indicio de que nadie montaba guardia, y eso, de cierta manera, te preocupaba.

Llevas tus manos a tus costados, sintiendo la tela de tu vestido, caminaban al lado del otro en silencio, solo escuchando sus pasos y respiraciones.

Cuando están frente a la casa de los Monroe, se detienen, muerdes ligeramente tu labio, una costumbre que tenías cuando algo te incomodaba o te preocupaba.

Sientes la mano del hombre ponerse en tu mentón y su dedo hacer que dejaras de morder tu labio.

— No lo hagas, lastimarás tu labio —

Miras un poco avergonzada y sorprendida al hombre, sintiendo como aún su mano seguía allí y acariciaba muy despacio, como si le asustara que tú te asustaras.

— No quiero hacerlo sola — murmuras con sinceridad. — Entra conmigo Daryl —

Daryl traga duro, mira unos segundos la casa y luego a ti.

— No puedo, no aún —

Asientes, el hombre baja su mano y la esconde en su chaqueta. Miras la casa un tanto nerviosa y regresas al hombre.

— Entonces regresemos —

— Ya estamos aquí, inténtalo —

Niegas, miras su mano que seguía libre y caminas a su lado, haciendo que sus manos te rozaran ligeramente.

— Lo intentamos los dos, eso es suficiente— le sonríes, y con miedo tomas su dedo índice con el tuyo, cruzándolos, y jalándolo. — Vamos, haré una rica cena con la zarigüeya que mataste el otro día —

Daryl se deja jalar y en ningún momento aparta su mano, te sigue.

— Creí que odiabas comer roedores — susurra, pero lo alcanzas a oír, por lo que le miras, apenas riendo. — ¿Qué? —

— Después de meses me tuve que acostumbrar tarde o temprano —

— Ajá —

— Ajá —

Continúan caminando y luego le volteas a ver.

— Somos raros, ¿No crees? —

— Rara tu, yo siempre soy así —

Ruedas los ojos.

— Agua y aceite Daryl, agua y aceite —

Daryl rueda sus ojos, pero su atención es atraída a una casa cuando la puerta se abre y de esta sale Aaron.

— Hey chicos, ¿Vienen de la fiesta? —

Daryl y tu se miran, luego a Aaron.

— En realidad nunca entramos — dices, aún sin soltar a Daryl.

Aaron asiente, y les sonríe amistoso.

— Lo importante aquí es que lo intentaron... ¿Gustan pasar? Mi novio y yo hicimos la cena —

Miras con gratitud a Aaron, pues en realidad no querías comer el animal ese, y Daryl lo nota, por lo que achica sus ojos.

— Claro, ahora te seguimos — dices animadamente, Aaron asiente y entra de nuevo a su hogar. Sientes a Daryl mirarte, por lo que le miras inocentemente. — ¿Qué? —

— Rara —

— Raro —

Daryl tuerce sus ojos, por lo que lo agarras desprevenido y le das un beso en el cachete.

— Te veo adentro, rarito — huyes antes de que te diga algo, desapareciendo por la puerta.

Daryl se mira anonado, lleva su mano a su mejilla, y una pequeña sonrisa aparece en sus labios.

Definitivamente le caías mal, pero le agradaba tu compañía.

— Debo admitirlo, si somos raros — sube los escalones y entra a la casa de Aaron.

Imagine how this ends (Daryl Dixon y tu) One Shots. +18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora