Lo que el humo se llevo (3)

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La mañana llegó con la misma indiferencia de siempre, solo que esta vez, todo parecía un poco más gris

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La mañana llegó con la misma indiferencia de siempre, solo que esta vez, todo parecía un poco más gris. Los primeros rayos de sol apenas rompían la niebla, pero ni ellos lograban iluminar la oscuridad que se había instalado en tu pecho. El cansancio te había calado hasta los huesos, pero no era solo físico. Había algo más, algo que se había ido erosionando lentamente, un pedazo de ti que ya no quedaba.

La mañana parecía ser igual a todas las demás. Glenn evitándote, Carol perdida en su dolor, Rick con su carga de ser líder, y Daryl... Daryl, como siempre, apartado, distante, como si todo el mundo pudiera desmoronarse pero él seguía ahí, inquebrantable.

Te habías levantado temprano, sin ganas de nada. Te habías arrastrado fuera de la casa de acampar, buscando un momento para ti misma, aunque sabías que no servía de nada. Sabías que no había nada que realmente pudieras hacer para cambiar las cosas. Estabas tan rota que ni el simple acto de caminar te hacía sentir viva.

Te habías alejado, sin rumbo fijo, como siempre, buscando algo que no sabías qué era. El viento soplaba fuerte, trayendo consigo el frío del amanecer. No sentías el frío. No sentías nada.

Tus pasos te llevaron hasta el borde del campo, donde el terreno estaba aún húmedo por el rocío. La brisa agitaba las ramas de los árboles, susurrando, como si la naturaleza misma tratara de advertirte algo. Pero no escuchaste.

No sentiste llegar al caminante que te mordió en el hombro, tu grito se ahogo mientras sentías tu piel ser rasgada de su lugar, lo empujaste y con lágrimas rodando por tus mejillas, empezaste a golpearlo con fuerza, con resignación, con impotencia.

Habías deseado tanto ya no despertar, que la naturaleza había cumplidos tus plegarias.

Tu cuerpo temblaba, pero no de frío. Era algo mucho más profundo, un agotamiento que no tenía cura. Te apoyaste en un árbol, la cabeza se nublaba, y el mareo comenzaba a apoderarse de ti.

La respiración se hacía cada vez más dificultosa. No era suficiente aire. Algo en tu pecho te presionaba, y la sensación de ahogo era cada vez más palpable. Intentaste moverte, pero tus piernas no respondían. El dolor de la herida parecía agudizarse con cada latido del corazón.

Te caíste de rodillas, la vista nublándose, el pulso acelerado. La tierra fría te rodeaba, y solo el susurro de las hojas acompañaba el final. Te aferraste a la tierra, pero sabías que ya no había nada que pudieras hacer.

Tu último pensamiento, se lo llevó la persona que más te había lastimado en los últimos días, y aún así, sonreíste mientras se te iba la vida.

El silencio se instaló. El mundo seguía moviéndose a su alrededor, indiferente, ajeno a tu caída.

Unas horas más tarde, el grupo había comenzado a buscarte. Rick, Daryl, Glenn, todos preguntando por ti, todos preocupados, pero nadie realmente supo cómo llegar hasta donde estabas.

Daryl, como siempre, se movía de un lado a otro con su mirada intensa, la preocupación dibujándose en su rostro cuando no te veía entre los demás.

— ¿Has visto a _____? — preguntó a Glenn, la tensión clara en su voz. Glenn solo negó, y la ansiedad en los ojos de Daryl se intensificó. Durante horas, él preguntó, indagó, buscó, hasta que algo lo hizo detenerse.

Uno de los demás miembros del grupo lo vio primero. Estaba ahí, a lo lejos, una figura tambaleante que caminaba como un muerto viviente, los ojos vacíos y la piel pálida. Cuando los demás lo vieron, su primera reacción fue de miedo.

— ¡Es _____! — alguien gritó, y un escalofrío recorrió la espalda de todos.

Daryl no lo pensó. Corrió, su corazón latiendo con fuerza, y cuando se acercó a ti, la visión lo paralizó.

Estabas ahí, tambaleando, tu rostro hinchado, los ojos opacos, cubiertos por la mugre de la tierra. La herida en tu hombro delató tu muerte y nadie sabía cuánto tiempo habías estado así, sola, en silencio.

Daryl te agarró por los hombros, intentando despertarte, pero tus ojos vacíos no respondieron. No había vida en ti, solo una imagen rota y olvidada. El vacío en tu mirada le atravesó el alma. Y por primera vez, en un mundo donde nada parecía importar, Daryl sintió un quiebre en su interior. Como si, de alguna forma, hubiera perdido algo que nunca supo que quería.

— ¡No...! ¡No, no, no! — gritó, pero su voz era hueca, vacía. Nadie sabía cómo reaccionar, ni cómo ayudar. Todos habían sido testigos de cómo te habías ido desmoronando, pero nadie había visto el momento exacto en que la vida se escapó de ti, ni cómo se fue la última chispa de esperanza.

Nadie preguntó qué había pasado. Nadie se atrevió a acercarse a darte piedad. Solo Daryl, mirando tu rostro sin vida, y el peso de lo irremediable colapsando sobre él, fue que clavó su cuchillo en tu nuca y se desplomó junto contigo al suelo.

Y así, en silencio, en un mundo donde nada se detiene, tú te desvaneciste, y en algún rincón oscuro de Daryl, algo se quebró también, algo que nunca pudo entender, pero que ya nunca podría arreglar.

Imagine how this ends (Daryl Dixon y tu) One Shots. +18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora