Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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— Estás muy callada —
Abres un ojo y miras a Daryl, quien entraba a la torre de vigilancia contigo y se dejaba caer en el sofá improvisado. Cierras tu ojo y te acomodas, poniendo tu brazo bajo tu cabeza, estabas acostada en el suelo ya que era de noche y no tenías nada mejor que hacer.
— Siempre te quejas de que hablo mucho, ahora te quejas por que no hablo nada — dices mientras te abanicas con la mano, estaba muy caliente allí adentro.
— Es solo que tu silencio hace que me ponga nervioso, nunca se que va a salir de esa boca grosera que tienes — Daryl termina de masticar lo que estaba comiendo, y limpia sus dedos contra su chaqueta, justo después de chuparlos. — Hablas y hablas hasta por los codos, eres como un perico todo el tiempo —
Bufas y te sientas allí mismo.
— Bueno, en las noches no me gusta hacer ruido —
Escuchas que Daryl ahoga una risa y lo volteas a ver.
— ¿Qué fue eso? — dices mientras empiezas a amarrarte tus botas.
— Ni idea de que hablas — el hombre se pone a jugar con sus flechas y empieza a silbar.
Te cruzas de brazos y te paras frente a él una ves que terminaste de ponerte tus botas.
— Claro que sabes de que hablo, te reíste de algo por lo que dije —
El niega divertido.
Te acercas a el y le das un fuerte golpe en su cabeza, el te mira ofendido y cuando estas a punto de darle otro, él manotea contigo ya que estás casi arriba de el, peleando juguetonamente.
— Dime que fue eso idiota —
Daryl ríe y te agarra con fuerza, haciendo que pares.
— Bien, bien, basta — dice él, te sueltas de su agarre y alzas una ceja esperando por su respuesta. — Dices que no te gusta hacer ruido por las noches, pero lo que yo escucho a unas cuantas celdas de la mía es... otra cosa —
Abres los ojos tan grandes como puedes y ahogas un grito aterrada. Te llevas ambas manos a tu boca y le das la espalda.
Lo escuchas reír y luego que se levanta.
Cierras los ojos, sintiendo que la vergüenza te carcomía, y lo único que querías hacer ahora era golpear al idiota con el que te acostabas algunas veces.
Maldito Kevin.
— Daryl, si tú escuchaste, todos escucharon — y luego te diste cuenta de algo. — Por Dios, es como faltarle el respeto a la casa de alguien, por eso me sonríen de más al día siguiente burlones — te llevas ambas manos a tu cabeza y tiras de tu pelo, pero luego sientes furia y volteas hacia Daryl.
Por alguna extraña razón todo esto le parecía divertido a él, y eso hacía que te hirviera más la sangre, le das un golpe en su brazo y este se queja.