Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Sentada en la orilla de la ventana, observando a la obscura calle de Alexandria, distraída en tus pensamientos, así fue como te encontró Daryl cuando regresó de casa de Aaron.
Se quedó quieto, admirando lo hermosa que te veías con tu cabello suelto, tranquila, sin estar a la defensiva como habían estado días antes de su llegada a la comunidad.
— No sabía que no habías ido a la fiesta —
Giras tu cabeza sobresaltada cuando le escuchas hablar.
— Yo pensé que tú no irías— murmuras mirándole de arriba a abajo por lo bien vestido que se veía.
— Nah, no fui, eso no es lo mío —
— ¿No? — preguntas alzando una ceja, y sonríes de lado. — ¿Dónde estabas entonces? —
— Con Aaron y Erick —
Asientes y regresas tu atención a la ventana, mirando el cielo lleno de estrellas.
Aquel cielo que tantas veces mirabas recostada en la granja de Hershel cuando llegaron a la propiedad del hombre.
— Te hubiese llevado conmigo si supiera que estabas aquí —
Regresas a mirarle y sonríes en agradecimiento, pero niegas.
— Aún no estoy lista... — murmuras bajando tu cabeza, observando donde debería de haber una pierna.
— ¿Aún te duele? — pregunta cuando ve que te quedas mirando donde te faltaba una extremidad.
— Muy poco, ya no tanto como hace un par de días —
Daryl asiente y se queda en silencio, observándote, haces una pequeña mueca y dejas salir el aire, tomas las muletas y con un poco de dificultad logras levantarte.
Daryl se acerca para ayudarte pero lo detienes.
— Debo aprender hacerlo sola... No siempre estarás allí para salvarme Daryl —
El hace una mueca y voltea a otro lado, y por un momento crees que lo ofendiste por lo que te acercas hasta donde está y con cuidado llevas tu mano a su pecho.
— No lo decía de esa manera... —
El deja salir el aire y te voltea a ver, da un paso más acercándose a ti y te examina.
— Lo se, es solo que hubiera deseado haber hecho algo más ese día —
Ríes y lo invitas a sentarse en tu cama, mientras haces lo mismo, dejas las muletas recargadas en la pared y miras tu pierna izquierda, la cual te faltaba hasta la altura de la rodilla.