Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Agotada, con mal humor, y apuntó de estallar como bomba, caminas sin ganas de platicar ni saludar a quienes pasan cerca de ti.
Estabas encabronada, y todo por culpa de Daryl.
Se había ido de caza sin avisarte luego de que tuvieran una fuerte discusión a causa de diferencias sobre los viajes que él hacía con frecuencia para buscar al gobernador.
Al principio se lo pasabas, estaba de luto por la pérdida de Merle, y no le decías nada cuando se iba por días.
Y ese era el problema, que los días se empezaron a convertir en semanas.
Y ya no podías soportarlo.
Todo el tiempo estabas aterrada, todo el tiempo te sentías mal, solo preocupándote por el como él se la estaría pasando, si tenía comida, si tenía donde pasar la noche, si estaba protegido, si no estaba siendo acechado por los muertos, o incluso por los vivos.
Temías que su sed de venganza te fuese a dejar viuda.
Por que si, Daryl y tu llevaban casados dos años antes de que comenzara el mundo de los caminantes.
Antes de que todo empezara, sabias lidiar con tu esposo, pero ahora, en el nuevo mundo, era difícil adivinar sus siguientes movimientos.
Y por eso te sorprendiste al verlo en la celda, con las manos entrelazadas y cabizbajo.
Apretaste tus labios y entraste, cerrando la cortina detrás de ti. No les brindaba la privacidad del todo, pero al menos no se veían.
Caminaste, ignorándolo, yendo directo a tu ropero que Daryl había construido para ti, buscando algo de ropa para ir a darte un baño.
— Mi amor —
Te haces oídos sordos y vuelves a pasar frente a él, pero Daryl te sujeta de la mano, haciendo que quedaras en medio de sus piernas.
Te niegas a mirarlo, mirando una fotografía de Daryl y de ti, que ahora tenías colgada en la pared.
Recarga su frente contra tu vientre, y deja un beso en este, haciéndote cerrar los ojos por un momento.
— No voy a tener sexo contigo Dixon —
El hombre gruñe y sientes que alza su cabeza, pero aún no lo miras.
Realmente estabas molesta, y odiabas lo fácil y persuasivo que era Daryl para convencerte y llevarte a la cama, aunque tu tampoco ponías mucha resistencia.
Estar con Daryl, era experimentar el salvajismo y el amor al mismo tiempo.
— ¿Podemos hablar? ¿Al menos puedes mirarme? —
Tragas nerviosa, pues sus manos recorrían tu espalda baja y apretaban levemente tu trasero.
— No hay nada que hablar, tu dejaste las cosas claras, quieres tu venganza, y ya no puedo seguir soportando que cada cinco minutos quieras salir e ir más lejos, más hacia donde está el peligro y yo no podré llegar a tiempo a salvarte—
Los dedos del hombre trazan pequeños círculos en tus muslos y baja la cabeza un momento.
— Ya no saldré más —
Ríes sin ganas y das un paso atrás, haciendo que sus manos cayeran a sus costados, y por primera vez le miraste.
— Eso dijiste hace semanas... — suspiras y te cruzas de brazos por un momento, estabas cansada y solo querías ir a darte un baño. — ¿Podemos hacer esto después? Solo quiero bañarme y dormir, hay personas que si somos productivas en este lugar —
Tres pasos, son tres pasos los que das cuando sientes a Daryl empotrarte contra la pared y sus labios húmedos sobre los tuyos, besándote con desesperación.
Te resististe, o eso intentaste los primeros segundos, pero terminaste sucumbiendo a tu marido, quien por alguna extraña razón, esta vez se sentía diferente, no se sentía como el Daryl de siempre.
Algo había pasado.
Unes tus fuerzas y lo apartas de ti, haciendo que te volviese a poner en el suelo, pues no sabía en qué momento habías trepado tus piernas en su cadera.
— ¿Que sucedió? —
Daryl te miro con profundidad, mirando todo tu rostro y cada parte de este.
— Lo encontré —
Abres la boca en una perfecta o, y sientes una ligera calma en tu interior que sabías que necesitabas.
— ¿Y que hiciste? —
Daryl muerde su labio, como si recordara.
— Lo mate — murmuró, acariciando tu mejilla con delicadeza. — Ya nunca tendremos que preocuparnos por él... Ya no tendrás que preocuparte por mi, ya no saldré de nuevo así —
Quieres alegrarte, quieres sentir emoción, pero nada.
Con la muerte de el gobernador, cambiaban muchas cosas, y entre ellas era que la gente bajaría la guardia, Michonne y Daryl ya no saldrían más a su búsqueda y tendrías que abandonar el consejo.
Eso último te alegro, no te gustaba con cargar el peso de responsabilidad por los habitantes de la prisión, siempre habían problemas, y ya estabas lo suficientemente agotada con tu marido y con el niño que habían adoptado.
No era en su un niño, era un adolescente llamado Patrick que admiraba mucho a Daryl, y pensaste que tal vez ahora que el hombre estaría en su hogar, podría dedicarse y enseñarle cosas al adolescente.
— ¿Te hace sentir mejor ahora que esta muerto? —
Él niega, y tu asientes, sabiendo que significaba aquello.
— Creí que cuando lo encontrara, encontraría un hombre cruel, poderoso, liderando otro grupo y preparándose para buscarnos... Pero solo era él, convertido en un pordiosero, vagando sin rumbo alguno... Cuando me vió, lo vi en sus ojos, el resentimiento y el odio, y sabía que si lo dejaba vivo, iba a volver, así que atravesé su otro ojo con mi flecha... tal vez use tres flechas, para asegurarme que jamás volviera a levantarse — Daryl continúa acariciando tu mejilla, y ves tristeza en sus ojos. — Creí que matándolo, por fin podría vengar que asesinara a Merle, creí que asesinándolo, todo cambiaría, que esto que siento aquí dentro — toca su pecho, y sus ojos se vuelven cristalinos. — Creí que ese dolor desaparecería... — su voz se quiebra, y baja la cabeza. — Ya no quiero esto... ya no quiero más pérdidas... no quiero perderte, no puedo superar a Merle, y contigo sería mi fin, por que sin ti, no hay nada, no hay vida, sin ti, yo muero, y odio el poder que tienes esos hombres sobre los demás, sabiendo que se llevaron parte de lo que nos motiva a vivir... No mueras, no me dejes nunca, no podría vivir con ello, por favor _______ —
Dejas caer tus utensilios para darte un baño y lo abrazas con fuerza, hundiendo tu rostro en tu pecho, sintiendo sus fuertes brazos rodearte.
— Nunca te voy a dejar mi amor — murmuras, levantando tu rostro, acariciando su mejilla. — Odio hacer promesas, y más en este mundo traicionero... Pero haré todo lo que pueda para que nunca suceda, nunca me iré de tu lado —
Pones tu mano en su nuca y haces que baje la cabeza, uniéndose en un suave beso.
Cuando se separan, él tiene sus ojos cerrados, y parece debatirse si abrirlos o no, Daryl odiaba llorar, y sabias que te faltaba mucho camino para seguir ablandando a tu terco y amoroso esposo.
— ¿Quieres ducharte conmigo? La necesitas más que yo — murmuras, haciendo que él riera ronco, abriendo sus ojos, dejando caer la lágrimas que quería contener.
— Solo si así puedo estar dentro de ti —
— Me pongo romántica y te pones cachondo —
Daryl te sonríe cómplice y ambos se dirigen a las regaderas luego de buscar ropa limpia para él.