Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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No era la primera vez que Daryl y tu discutían por culpa de Merle. El Dixon mayor había colmado tu paciencia y solo buscabas paz, aún que fuesen solo un par de minutos.
Estabas casi segura de que el grupo no los quería allí, o por lo menos, a los Dixon. Merle y Daryl eran un dolor en el culo, y más cuando Merle se metía sus porquerías, que según el le hacían sobrellevar el tener que convivir con gente débil.
Daryl te miraba furioso, dolido, se sentía traicionado por ti.
— ¿Cómo carajos se te ocurrió dejarlo abandonado allí _______? —
Lavas tu ropa manchada de sangre en el lago, tratando de borrar los restos de sesos de muerto.
Niegas con un nudo en la garganta, tu no habías querido que las cosas pasasen así, pero no hubo de otra, Merle estaba fuera de control, drogado, y siendo un peligro para el grupo que sólo buscaba sobrevivir.
— Sabes bien cómo es Merle, Daryl. Golpeo a T-Dog y casi me dispara — por fin le volteas a ver, y te llevas una mano a sobre tus ojos para taparte de el sol y ver al hombre castaño. — A mi, su cuñada de 7 años —
Daryl se lleva su dedos al puente de su nariz y suspira frustrado.
— Tenían más opciones, siempre las hay, Merle puede ser un imbécil algunas veces, pero no merecía esto — dice el castaño, tratando de justificar las acciones de su hermano, aún que el también sabía cómo podía llegar a ponerse el mayor una vez que se metía sus drogas.
— ¿Cómo cuales Daryl? ¿Dejar que se saliese con la suya? ¿Qué matará a T-Dog? ¿A Morales? Oh, espera, algo mejor, ¿A mi? — niegas y te levantas de la roca en que estabas sentada, harta de que la mancha no se quitase. Suspiraste en derrota y lanzas tu camisa al suelo enojada, agarrando el resto de tu ropa mojada y echándola en la canasta.
Pasaste por un lado de el castaño, quien miraba a cualquier parte menos a ti.
— Mañana irán por el Daryl, él estará bien, T- Dog y yo nos aseguramos de cerrar bien esa puerta, es Merle... — dices deteniéndote a pocos pasos de el, Daryl te mira. — Solo Merle lastima a Merle —
Lo sentías, sentías sus ojos sobre tu espalda.
El escalofrío recorrió toda tu columna hasta terminar en tu nuca, sabías que Daryl te miraba desde afuera de su casa de campaña compartida, y que jugaba con las flechas de la ballesta.
Te preguntabas si él sería capaz de insertar algunas de esas flechas en medio de tus ojos, lo habías visto hacerlo con los caminantes, y te aterraba con la frialdad que lo hacía.
Te preguntabas si el estaba dispuesto a echar a la basura su relación de años solo por un cretino drogo racista bueno para nada.