Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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— ¿Podrías dejarme ir al baño por favor Daryl? —
— No te estoy impidiendo que lo hagas — se encoge de brazos, ya que en realidad, y en efecto, no te lo estaba prohibiendo.
Tuerces la boca de mala gana, y empiezas a caminar rumbo al baño, y como siempre, escuchas los pasos del hombre detrás de ti, por lo que te volteas, ya molesta, y lo detienes, poniendo tus manos en su pecho.
— Cuando digo que quiero ir al baño, me refiero a que no quiero compañía, quiero ir sola —
Daryl frunce el ceño, y como niño regañado baja la cabeza.
Y es que a el hombre le encantaba estarte orbitando, al principio era divertido, y en cierta parte, te hacía sentir importante tener al hombre más codiciado por las mujeres de Alexandria, pero ahora se había vuelto desesperante, y hasta cierto punto, asfixiante.
Daryl no podía estar lejos de ti ni cinco minutos por que empezaba a dar guerra.
Al principio, cuando estaban en el campamento de Atlanta, el hombre odiaba tenerte a metros de él, le caías mal y se alejaba de ti como si tuvieses una enfermedad contagiosa, y ahora, no podía vivir sin ti.
No sabías si se había originado luego de la muerte de Merle, o cuando Carol empezó poco a poco a alejarlo.
Era tu garrapata personal.
Una garrapata con apellido Dixon.
Daryl era arisco, huraño, y pesado con todos los demás, pero contigo era otro asunto diferente, era mancito, te cumplía uno que otro capricho, pero sobre todo, siempre estaba dos pasos detrás de ti.
— Estaré en las escaleras, esperando — se da la vuelta, dispuesto a caminar a las escaleras que estaban a diez pasos de ustedes, y a cinco pasos del baño.
— No, Daryl, el punto aquí, es que quiero que me des mi espacio —
El hombre se rascó su barbilla, intentado adivinar a qué te referías.
— Tienes tu espacio, no es como que entro contigo y te limpio el culo —
— Pero desearías hacerlo — murmuras, masajeando tu cabeza.
Daryl deja salir una risa sin gracia, y se va a sentar a las escaleras, empezando a jugar con su cuchillo de caza.
— Anda, no tardes —
Irritada, entras al baño, cerrando la puerta de un portazo, mirándote en el espejo del lavamanos.
Mirabas a todos lados, buscando como deshacerte del hombre, pensando que decirle para que se aleje de la puerta y así tú puedas escapar.
Pero conociendo lo terco que era, no se iría.
Volteas a ver la ventana, y una idea muy tonta se te cruza por la cabeza.
~•~•~
Daryl no creía que era un pesado por querer estar cerca de ti.
Si, lo admitía, te odiaba en un principio, y eso fue antes de realmente conocerte.
Eras todo lo que nunca había pedido, pero que cuando te tuvo, se prometió jamás soltar.
Eras todo lo bueno y puro que él conocía en el mundo, eras luz y amor.
Él nunca tuvo nada de ello en su juventud, y cuando se dio cuenta de lo maravillosa que eras, y luego de una larga charla con su hermano Merle, quien le dijo que si no te protegía, terminaría perdiendo lo único que valía la pena en el mundo.
Y es que si bien Merle algunas veces era un sátiro narcisista y racista, sabia que tu valías la pena, y que si Daryl no te protegía, alguien más te tendría, y no te cuidaría ni vería de la misma forma que él hacía.
Si, te quería, no estaba seguro de sus sentimientos, pero Daryl sabía que te quería. Y también te quería viva, y es que tu eras un imán para atraer los problemas, y también a las personas malas.
Por eso siempre estaba detrás de ti, mirando por sobre tu cabeza amenazante y dispuesto a pelear, incluso a matar si era necesario.
No lo entendías, pero él haría literalmente cualquier cosa por ti.
Daryl miraba la puerta del baño con el ceño fruncido, pensando si en ir a tocar la puerta y preguntar si todo estaba bien.
Mira el reloj de la pared, y ve que ya pasó media hora, así que ya un tanto preocupado y extrañado, se acerca y empieza a tocar la puerta, esperando respuesta por parte tuya.
— ¿______? ¿Estas bien? — silencio. — ¿______? — nada. Ahora si, ya estaba muy preocupado. Toca repetidas veces la puerta, pero sigue en silencio. — Voy a entrar, si estás cerca de la puerta, aléjate —
Daryl retrocede un poco, y estampa su hombro contra la puerta, haciendo que esta se abriese violentamente, entra con rapidez, y mira a todos lados, buscando por ti, y su cuerpo se tensa cuando nota la ventana abierta.
— Maldita sea _______ — se dio la vuelta furioso, caminando directamente hacia la puerta de la casa.
Sabía exactamente donde te encontrabas.
~•~•~
Habían sido los cuarenta mejores minutos de tu vida lejos de Daryl.
Te preguntabas como era posible que le tomara tanto tiempo darse cuenta de que habías escapado por la ventana del baño, cuando siempre lo tenías pegado como chicle a ti.
Platicabas con Tara y Denisse agradablemente, o así era hasta que escúchate un azote en la puerta de la enfermería, y no debías de voltear para adivinar de quien se trataba.
Las novias se miraron entre ellas, luego miraron al hombre, y por último a ti, sabiendo que tu sentencia había llegado.
— Fue demasiado bueno para que durara para siempre — murmuras, girando en la silla giratoria, mirando a Daryl, quien tenía el rostro rojo y apretaba la pobre perilla de la puerta. — ¿Cuando me dejarás respirar por mi misma Dixon? —
Él se acerca a grandes pasos, hasta inclinarse y hacer que parte de su flequillo cayera sobre tus ojos.