Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Donde quiera que voltearas a ver, los hombres en tu grupo tenían su cabello largo. Rick tenía rizos indomables, Glenn tenía su cabello largo y ondulado, Carl lo tenía cerca de los hombros, y Daryl...
Al menos los otros chicos se peinaban y lucían bien, pero Daryl simplemente no cooperaba.
Lo tenía sin rumbo alguno, disparejo, y no le importaba mucho su apariencia. Pero como estudiante estilista no podías permitir aquello, te picaban las manos por darle un despunte a su cabello, y dejárselo parejo. Si el hombre se miraba atractivo con su cabello largo, no imaginabas como se vería con su cabello acomodado.
Ese día te despiertas con la decisión metida en la cabeza, Daryl Dixon recibiría un corte de cabello.
Pero tenías que agarrarlo desprevenido y sin salida, pues cada vez que el hombre te miraba huía, y lo había convertido en un juego donde el era la presa y tú eras el cazador.
Sonríes, pues los papeles se habían invertido, y amabas que Daryl fuese arrogante y prepotente con todo el mundo, pero contigo fuese dulce y cariñoso.
Daryl no se salvaría de esta.
— Hola Michonne — saludas a la mujer una vez que bajas las escaleras y llegas a la sala, donde la mujer descansaba.
Ella voltea a verte y sonríe de boca cerrada.
— Hey _______ —
— ¿Has visto a Daryl...? —
— Mmmhh — se queda pensativa. — Creo haber escuchado que estaría arreglando su motocicleta en el patio de atrás, ya sabes que no le gusta que lo molesten los vecinos — ambas ríen y asientes. — ¿Tu lo vas a molestar? — pregunta sonriendo.
— Tengo una misión especial el día de hoy, y no me pienso dar por vencida —
Michonne asiente y levanta su pulgar.
— Suerte con lo que sea que vayas hacer —
Te despides, y antes de salir por la puerta trasera, te diriges a la cocina por una manzana, para continuar con tu camino hacia el hombre ojiazul.
Te detienes en la puerta y por la ventana le puedes ver arrodillado dándole la espalda a la puerta. Este lleva una camisa oscura que se le amolda al cuerpo, y un pantalón flojo beige sucio y lleno de grasa. Abres la puerta sin hacer ruido, y te recargas en el pequeño porche que está tenía.
Le observas unos segundos más, antes de morder tu manzana haciendo ruido muy fuerte, sobresaltando a Daryl, quien da un pequeño brinco y gira, encontrándose contigo.
— Carajo, niña — frunces tu ceño. No eras una niña para nada, aquellos senos que tenías te habían costado mucho hacer que te crecieran y se mantuvieran a tus 24 años. — No puedes llegar y asustarme de esa manera — refunfuña mirándote desaprobatoriamente.