Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Cuando eras pequeña, tu papá te había enseñado un silbido especial para cuando estuvieras rodeada de personas y te perdieras, o no lograrás verle a él o a tu mamá.
Conocías tan de memoria aquel silbido, que cuando corrían por el bosque, huyendo de aquel grupo de personas que les seguían, sabias de quien se trataba.
Sabias que el nombre que aquellas personas usaban para referirse a sí mismos era del hombre que te había dado la vida.
Negan Smith, el líder de los salvadores, era tu padre.
Su nombre era único, jamás habías escuchado que alguien más se llamase así, y cuando Daryl, Sasha y Abraham les contaron su enfrentamiento contra los dichosos salvadores, los que se hacían llamar "Negan" se te había hecho mucha coincidencia.
Siempre supiste que tu papá era egocéntrico, narcisista, pero nunca creíste que sería un asesino.
— Arrodíllate ante mi — dice a grandes voces tu padre, quien con el bate ensangrentado que había llamado como a tu madre, lo pone en tu mentón, obligándote a mirarle, ya que estabas parada, retándole con la mirada luego de que asesinara a Abraham. — Arrodíllate y ten tu lealtad a mi, a tu padre, y le perdonaré la vida a las escorias de tus amigos —
Escuchas el llanto a tus espaldas, puedes sentir sus miradas fijas en ti, pero sientes mas la de Daryl, a quien tenían sometido en el suelo luego de que golpeara a tu padre por obligar a Rosita a mirar los restos del pelirrojo.
Creíste que matarían a Daryl y saliste a su defensa, gritando que se detuviera, que si debía de matar a alguien, era a ti.
Lograbas ver de reojo a Rosita y a Glenn, de quienes tenías mejor vista, y ambos miraban con miedo de que tu propio padre te fuese a quitar la vida.
— Si lo hago, ¿Ya no matarás a nadie más? — preguntaste con la voz temblorosa, sintiendo como sudabas frío.
La sonrisa socarrona de tu padre te eriza la piel, y lleva su mano a su pecho.
— ¿Acaso te eh roto una promesa, princesa? — niegas. — Habla cuando te pregunto algo, sabes que odio el silencio —
— Lo siento, lo siento — dices con la voz temblando. — Nunca has roto tus promesas —
Eso lo hace sonreír, y hace una señal para que te arrodilles.
— Solo tienes que volver a estar conmigo princesa, solo tienes que serme leal y decirme quien eres... —
Lágrimas brotan de tus ojos, y miras por unos segundos a Daryl, quien con su lastimada mirada te suplica que no lo hagas.
Daryl preferiría morir antes que perderte y dejarte ir.
Amabas tanto a tu nueva familia, que harías lo que fuese por ellos, pero amabas demasiado a Daryl como para permitir que tu padre le quitara la vida.
— Negan — murmuras, tragando grueso, mientras lágrimas espesas caían por tus mejillas. — Soy Negan —
Tu padre sonríe y alza ambos brazos y ladeando su cabeza, y sabías que era lo que quería que hicieras, así que con todo el dolor del mundo, te terminas por arrodillar frente a él.
Escuchas su voz jubilosa, pero no entiendes que dice, pues solo te podías enfocar en los sollozos y respiraciones agitadas de tus amigos.
Miras a Daryl una última vez antes de que unos hombres te tomaran por la fuerza y te obligaran a subir a la camioneta en la que irías tu padre.
Ves todos y cada uno de los rostros de las personas que más querías en el mundo, y cuando tu mirada se posa en la de Daryl, llevas una mano a tu vientre.
Ni siquiera habías tenido la oportunidad de decirle que estabas esperando a su hijo.