Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La noche había caído, no habías encontrado las vías del tren, pero si una carretera, la cual también tenían mapas en los señalamientos, sonreíste, sintiendo la esperanza regresar a tu cuerpo.
Aún pensabas en aquel hombre de ojos azules, y aunque no lo admitieras en ese momento, te sentías agradecida de que no te hubiese dañado o quitado la vida. Al principio pensaste que te seguía, o que lo haría, pero habían pasado horas desde que se quedó varado en el medio del bosque, en el medio de la nada.
A lo lejos lograste divisar una pequeña fogata, la cual era apagada inmediatamente, luego alcanzaste a escuchar gritos, como si alguien estuviese dando pelea. No eran gritos de alguien que moría, eran gritos de alguien que estaba siendo torturado.
Sentiste tu sangre helar, y miles de cosas viajaron a tu cabeza, y solo podías pensar en una cosa.
Que no fuera Manny.
Corriste, tratando de ser lo más silenciosa que podías, y te escondiste en la orilla del bosque, desenfundaste tu arma y la sostuviste con fuerza, contaste las balas y solo te quedaban cuatro.
Contaste a las personas, ellos eran siete, y habían cinco rehenes...
— Manny — susurraste, sintiendo como todo tu cuerpo se tensaba.
Un hombre lo tenía contra el suelo junto con otro niño probablemente uno o dos años menos que él. Negaste y sentiste la ira apoderarse de ti, pero te detuviste, tenías que pensar, el hombre al que golpeaban era el mismo con el que te habías enfrentado ese día mas temprano.
Lo estaban matando.
Apretaste el arma contra tu mano, tenías cuatro tiros, debías de ser sabia.
— ¡Por favor! ¡Son solo niños! — gritó el hombre de rizos, quien tenía un arma contra su nuca.
— Y por eso les daremos un trato especial — todos rieron, y sentiste tu cuerpo entrar en calor, no había tiempo para un plan. — Primero será tu hijo, luego el chico, la mujer, después mataremos a Daryl, y tu quedarás vivo, así estaremos a mano —
Daryl.
Así era su nombre.
Pero sentías la sangre hervir, no permitirás que tocaran a Manny.
— ¡No! ¡Papá! —
— ¡Suéltame! — grito Manny peleando por su vida, peleando por no ser dañado cuando llevaba medio pantalón de bajo.
Eso encendió algo dentro de ti, y sin esperar más saliste de entre los arbustos y disparaste al hombre gordo que estaba sobre el niño que gritaba al sentir unas manos separar sus nalgas.
El hombre cayó al suelo sorprendido, acto que sorprendió a todos por igual, y entonces la pelea inició. Disparaste a uno de los hombres que golpeaban al ojiazul, justo en la cabeza, luego a uno segundo, escuchaste un grito y giraste tu cabeza con violencia, lastimando tu cuello, pero lograste ver cómo el hombre de rizos arrancaba parte de la garganta del que le apuntaba en un inicio. La mujer morena que también había sido apuntada con un arma, ahora le cortaba la cabeza de un movimiento a otro hombre.