Patrulla, sudor y distracciones

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El sol cae a plomo sobre el camino terregoso

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El sol cae a plomo sobre el camino terregoso. Tus botas crujen sobre las piedras mientras avanzas por el sendero seco, a paso firme, con la mirada alerta. El calor es insoportable, pero te niegas a quejarte. Sabes que Daryl tampoco lo hará. Él va delante de ti, el arco colgado al hombro, las mangas enrolladas hasta los codos, con ese andar que parece no tener prisa pero lo ve todo.

—Ya cubrimos bastante. Deberíamos dar vuelta —le dices, sin alzar mucho la voz.

Daryl no contesta de inmediato. Se detiene, gira un poco la cabeza y te lanza una de esas miradas fugaces. No es la primera vez que lo hace hoy. Ni la segunda. Lo has notado desde que salieron hace más de una hora. Al principio pensaste que era casualidad. Luego, comenzaste a contar cuántas veces se le desviaban los ojos. A la cuarta, ya no quedaban dudas: no estaba vigilando el perímetro, te estaba vigilando a ti. Más bien, a tu camiseta sin mangas, ajustada por el calor, por el sudor, por todo lo que no debería estar distrayéndolo.

—¿Qué tanto ves, Dixon? —preguntas, con tono seco.

—Nada —responde, demasiado rápido, con la vista clavada en un arbusto sin importancia.

Te cruzas de brazos. El movimiento no ayuda a tu causa, pero tampoco te importa.

—¿Nada? ¿Entonces por qué llevas diez minutos tropezando con aire? —

Daryl se encoge de hombros, como si quisiera hacerse el desentendido. Pero cuando vuelve a mirarte —esta vez sin disimulo—, le lanzas un manazo directo en la cabeza.

—¡Ay, carajo! —protesta, frotándose la sien con una mueca.

—¡Concéntrate! Esto es una patrulla, no una exhibición —le sueltas, girándote para seguir caminando. Escuchas su risa baja detrás de ti.

—No es mi culpa que salgas vestida como si quisieras distraerme —

Te detienes. Lo miras por encima del hombro, una ceja levantada.

—¿Distraerte? Por favor, si fueras más sutil te desmayas —

Él camina hasta quedar a tu lado. Tiene esa sonrisa torcida, la que aparece cuando no quiere admitir algo pero se le sale. Suda, se ve sucio, cansado... y de alguna manera, más atractivo que nunca. Suelta un bufido, como si la batalla interna entre mirar y sobrevivir fuera demasiado pesada.

—Solo digo que... si nos atacan ahora, y yo muero, va a ser por tus jodidos tirantes, no por los caminantes—

Le das otro manazo, más suave esta vez, pero se lo gana igual. Él ríe, y tú también. Al final, siguen caminando, más cerca ahora, en silencio, pero sabiendo que la vigilancia es doble: una hacia el bosque... y otra, inevitablemente, hacia ti.

Imagine how this ends (Daryl Dixon y tu) One Shots. +18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora