La muerte de tres.

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El sol de la tarde ya estaba bajo, derramando su luz naranja sobre el polvo y la tierra, bañando el hospital en una quietud macabra

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El sol de la tarde ya estaba bajo, derramando su luz naranja sobre el polvo y la tierra, bañando el hospital en una quietud macabra. Estabas allí, observando desde la distancia, las piernas pesadas, el estómago retorcido. Las voces a tu alrededor se desvanecían en un murmullo distante, como si todo estuviera ocurriendo en cámara lenta, como si el mundo entero hubiera decidido detenerse solo para que pudieras absorber la agonía de lo que estaba por ocurrir.

Y entonces, lo viste.

Daryl apareció en el umbral de la puerta del hospital, su figura oscura recortada contra la luz. Sus pasos eran lentos, pesados, pero había algo en la forma en que cargaba lo que quedaba de Beth que te paralizó. Sus brazos tensos, la cabeza agachada, el rostro cubierto de sudor y dolor. No necesitabas mirar más allá de su postura para saber lo que estaba pasando.

El aire se volvió espeso. Un nudo creció en tu garganta.

Daryl caminó hacia ti, hacia Maggie, hacia todos ustedes. Sus ojos, los mismos ojos que habían estado llenos de determinación, ahora parecían vacíos, rotos, como si no quedara nada de la persona que había sido antes de entrar en ese maldito hospital. Y entonces, te diste cuenta de lo peor.

No solo Beth había muerto. Había algo más, algo que se estaba muriendo en el alma de todos los presentes. Algo que se había roto sin remedio.

Maggie gritó, un sonido animal, desesperado, y te tambaleaste cuando la viste caer al suelo, las rodillas golpeando el polvo mientras se encogía en el suelo, llorando en un dolor tan profundo que ni siquiera el cielo parecía capaz de soportarlo.

Pero tú no podías moverte. Estabas paralizada, inmóvil, los ojos clavados en Daryl, en la forma en que su cuerpo parecía encogerse bajo el peso de lo que había perdido. Los ojos de él te buscaron, y por un breve momento, te encontraste atrapada en su mirada. Sabías lo que significaba. Sabías que la muerte de Beth no era la única que se había llevado esa tarde.

Cuando su mirada se cruzó con la tuya, sentiste el peso de todo. En esos ojos oscuros y vacíos había un abismo, una ausencia que no podías ignorar. Porque en ese instante, no solo Beth se había ido. También algo más se había desvanecido en Daryl. Algo entre ustedes, algo que no tenía nombre, pero que ahora se desmoronaba lentamente, y con él, tres almas se apagaban.

Beth había muerto en carne, sí, pero las palabras no eran necesarias para comprender que tres personas morían esa tarde, aunque aún respiraran. Maggie, tu y Daryl.

Maggie se levantó, su rostro mojado por las lágrimas, y en un sollozo quebrado, fue a abrazar a su hermana, la pequeña y frágil Beth, ahora inerte en los brazos de Daryl. El hombre permaneció quieto, como si su cuerpo ya no respondiera a los movimientos del mundo.

Y tú, allí, parada en medio del vacío, sabías que la vida nunca volvería a ser la misma. No después de ese día. No después de la muerte de tu pequeña hermana.

Imagine how this ends (Daryl Dixon y tu) One Shots. +18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora