Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Daryl estaba a tu lado, o mas bien, recargado en la pared, mientras tu quedabas a metro y medio de distancia de los barrotes que te separaban del hombre que se negaba a voltear a verte.
Te había tomado un año en poder ir a ver al hombre al que habías llamado papá muchos años.
Ahora solo quedaba el fantasma del que alguna vez les había obligado a arrodillarse ante él.
El poderoso y maniático salvador había muerto, y solo quedaba la sombra del hombre, ahora solo era Negan Smith.
— Veo que diste a luz — dice después de un rato, con la voz rasposa.
Aprietas las labios y bajas la mirada, tocando tu vientre vacío.
— Si, fue ya hace cinco meses —
— ¿Puedo saber que fue? —
— No — se adelanta Daryl, giras tu cabeza para decirle con la mirada que te deje hablar, y él solo bufa.
— Oh, Daryl Dixon, terminaste quedándote con mi hija, cabrón suertudo —
— Negan — tu voz sale fuerte y autoritaria, haciendo que Negan solo ría en voz baja y poco a poco de la vuelta.
Abres los ojos enormemente cuando ves su apariencia, apariencia tenebrosa que te causo miedo por un momento.
Aquel hombre frente a ti no era tu padre, no podía serlo.
El hombre frente a ti había envejecido muchos años, se veía melancólico y también que sufría.
Apartas la mirada unos segundos y retrocedes, cuando él se acerca a los barrotes que los separaban.
— Hola princesa —
Tu barbilla tiembla, y te detienes cuando sientes el cuerpo de Daryl detrás de ti.
— Podemos irnos si eso deseas — murmura solo para, cerca de tu oreja, ignorando a Negan.
Niegas, miras sus ojos azules, y te vuelves a acercar a tu padre.
— Negan — repites, eso parece ofenderlo, por lo que frunce el ceño.
— Sigo siendo tu padre, princesa —
— El hombre que yo recuerdo, no era una mierda como lo eres ahora — dices apenas con la voz entre cortada. — Mi papá amaba, protegía, y no asesinaba, lo que tú te convertiste... —
— No sigas — te detiene, bajando la mirada.
Apartas tu vista de él, mirando la pequeña ventana que estaba en su celda.
— ¿Te tratan bien? —
— De maravilla, tengo servicio a la habitación, una jodida televisión en vivo, y un Padre personal con el que me confieso cada fin de semana —