Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Nunca te habías considerado una persona celosa, eras relajada y segura de ti misma.
Pero Sandra...
Esa perra hacía que tu sangre hirviera, y te daban ganas de romperle la cara, y sabías que no tenías porque tenerlos, Daryl siempre te daba tu lugar aún y apenas estuvieran saliendo.
El ojiazul y tú habían empezado algo así como una relación, todo el mundo sabía que estaban juntos, aunque tampoco habían oficializado, y es que la gente no tenía porque saber lo que pasaba tras las paredes de su casa.
Pero empezabas a considerar hacerlo público, solo para que la perra pelirroja detuviera sus malditos intentos de coqueteo.
Tuerces la boca cuando la mujer de treinta tantos se acerca con toda la intención de embarrar sus pálidas manos en los fuertes brazos de tu hombre.
Daryl voltea frunciendo su ceño, y aleja su brazo del toque de la mujer pelirroja. Ella parece afectada ante tal rechazo, pero se traga su orgullo y continúa coqueteando.
— Deberías de dejarle claro quien es la dueña de ese pene — alguien dice a tus espaldas. Volteas riendo y Tara se pone a tu lado, recargándose en el carro al igual que tu. — Aún no entiendo que le ven a los penes, pero cada quien sus gustos —
— Ni siquiera lo hemos hecho aún, Tara —
— ¿Ah no...? Porque la manera en que se miran, parece como si ya lo hubieran hecho incluso en la torre de la iglesia abandonada — dice burlona.
Niegas riendo, y vuelves tú atención al castaño y la pelirroja, Sandra ríe escandalosamente y ruedas los ojos fastidiada, Daryl solo arruga su nariz y la ignora, luego empieza a mover su cabeza hasta que hace contacto visual contigo. Le sonríes de boca cerrada y el hace lo mismo, Tara a tu lado bufa y le saca el dedo medio al ojiazul.
— Si no estás ocupado esta tarde, podrías venir a mi casa, y podría prepárate algo de comer —
— No, estaré ocupado — dice cortante, mientras te sigue viendo, tu solo ruedas los ojos y le das la espalda, poniendo tus manos sobre el techo del auto, saludando a un par de chicos que regresaban de expedición.
— Puede ser la cena y... — la dejó de escuchar, poniendo atención en cómo se te acercaban los chicos y empezaban a platicar contigo, haciendo que él se empezara a molestar.
Daryl no entendía que quería aquella mujer, ya la había rechazado muchas veces, más de la que pudiera recordar, pero ella seguía insistiendo. Estaba fastidiado, el era conocido por mandar a la mierda a las personas, y ya lo había hecho con ella, pero parecía que a la mujer le entraba por una oreja, y le salía por la otra.
Y ahora la tenía allí, a su lado, riendo de algo que no tenía sentido, insistiendo que fueran a la casa de ella, sabía lo que la mujer quería y el solo podía pensar en lo poco que Sandra se respetaba, pues en múltiples ocasiones se le había insinuado, e incluso se había desnudado frente a él. Por supuesto, Daryl te lo había contando, haciendo que la odiaras más. Busca ayuda con la mirada a Carol, quien parecía divertida ante esto, de verdad se veía que la mujer quería meterse en la cama con el castaño.