Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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El viento sopla con una suavidad casi fantasmal, arrastrando hojas secas entre las lápidas. Huele a tierra húmeda, a musgo viejo, a recuerdos que no se quieren ir.
Estás de rodillas frente a la tumba de tus abuelos.
El mármol está cubierto de polvo, pequeños rastros de moho y tierra. Pasas el dorso de la mano con cuidado, limpiando sus nombres como si con eso pudieras volver a tocarlos. Como si en ese gesto todavía existiera algo de ellos.
Sonríes. Pero la sonrisa se duele.
—Hola, mis viejitos—murmuras, tu voz temblando con la brisa.— Hace mucho que no vengo... pero tenía que verlos antes de cerrar esta parte de mi vida —
Hace casi cinco años que el mundo se vino abajo. Pero tú ya conocías la pérdida. Mucho antes de que los muertos empezaran a caminar.
Huérfana desde siempre. Tu abuela fue todo lo que tuviste... hasta que se fue también.
Y luego tu abuelo.
Un infarto.
Un grito ahogado.
Y quedaste sola. Totalmente sola.
Viviste en esa cabaña que apenas se sostenía en pie, con más ratas que cobijas, y noches más frías que silencios. Te acostumbraste a no hablar. A no esperar nada.
Hasta ese día en el río.
Lo recuerdas como si aún estuvieras ahí.
El agua helada subía por tu cuerpo mientras te dejabas arrastrar por la corriente. No gritaste. No luchaste. Solo cerraste los ojos y te entregaste al silencio. Nadie iba a notarlo. Nadie iba a buscarte.
Pero alguien lo hizo.
Unos pasos pesados.
Un grito ronco.
Un chapoteo violento.
Y luego... unos brazos. Te alzaron como si pesaras menos que el dolor que llevabas encima. El frío no venía del río. Venía de ti.
Y cuando abriste los ojos, viste su rostro.
Suelto de miedo.
El ceño fruncido.
El labio tembloroso.
Y los ojos...
Llenos de lágrimas.
—No... no lo hagas —había dicho, apenas un susurro, como si hablara más para él que para ti.— No te vayas también... —
Tú no sabías quién era. Él tampoco sabía quién eras tú. Pero aun así, se aferró a ti. Te envolvió en su chaqueta mojada. Te sostuvo contra su pecho y se quedó ahí, sentado en la orilla, respirando como si tú fueras la única cosa viva que quedara en ese mundo de muerte.
Daryl Dixon.
Esa fue la primera vez que alguien lloró por ti.
Y lo hizo sin conocerte.
Por eso supiste que era real.
Desde entonces pasaron muchas cosas. No fue fácil. Pero lo intentaron. Ambos. Se mantuvieron a flote. Hasta que un día, con esa torpeza que le es tan natural, te habló de un lugar.
Alexandria.
Llevas apenas unas semanas allí, pero ya sientes algo que no recordabas: esperanza.
Y ahora estás aquí.
Para despedirte de lo que fuiste.
De lo que cargabas.
De ellos.
—Ya no voy a volver, ¿sí? —le susurras a la lápida.— Gracias por cuidarme... por todo. Pero es hora de dejar este cementerio que llevo encima. Dejarlos descansar... y yo seguir avanzando—
Dejas un beso suave sobre la piedra. Te sabe a despedida, pero también a promesa.
Lees sus nombres una última vez. Esposo y esposa. Abuelo y abuela. _____ _____ y ______ ______.
Suspiras hondo, cerrando los ojos para grabarlo todo. Para sentirlo.
Y entonces, lo escuchas.
Un silbido.
Ese silbido inconfundible.
El único que logra sacarte una sonrisa incluso en un campo de muertos.
Te pones de pie, te sacudes las rodillas y te giras. Ahí está él.
Apoyado contra su moto, con los brazos cruzados y esa cara de angustia cuando no estas cerca de él.
Cuando llegas a su lado, sin decir palabra, extiende una mano hacia ti.
Grande. Firme.
Tuya.
La tomas.
Él aprieta.
Y entonces, como si fuera lo más normal del mundo, subes a la motocicleta.
El motor ruge, pero lo único que escuchas es tu corazón.
Y por primera vez en mucho tiempo, no suena roto.
Dejas atrás el cementerio.
Y aunque los muertos sigan caminando por el mundo, tú has elegido vivir.
Con él.
Con Daryl.
¡Pregunta!
¿Leerían una historia con Joel Miller?
Si, el mismo de The last of us, con mi otro esposo Pedro Pascal.
Y otraaaa pregunta.
¿Leerían una historia con Hannibal Lecter?
Si, el mismo de la serie Hannibal, con mi otro esposo Mads Mikkelsen.