Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Por fin estaban en un lugar seguro, donde no tendrían que preocuparse por los muertos acechándolos, en dormir incómodamente en los autos y comiendo comida rancia.
Podías escuchar a todos hablar a tu alrededor, pero no prestabas atención, mirabas tus manos callosas sucias y con sangre seca, además de rascar tu piel y causarte que esta se irritara.
Habías perdido a tu madre días antes en el campamento en la noche que los caminantes les habían atacado, Daryl había tenido que quitarle la vida cuando tú no pudiste ser capaz de hacerlo.
Miras de reojo al hombre a tu lado, quien tenía el ceño fruncido y miraba al Dr. Jenner.
Daryl parece notar que le mirabas, pues te mira fijamente con seriedad. Tratas de sonreír pero solo logras hacer una mueca y vuelves a bajar tu cabeza y miras una vez más al suelo.
~•~•~
La cena había sido grandiosa, habían compartido el momento juntos además de beber vino, mucho vino, pero el ducharse se había llevado los honores, hacía meses que no tocabas una ducha con agua caliente, pero por mucho que quisieras disfrutarlo, no eras capaz de hacerlo, pues tu mente solo volvía a esa noche y en cómo tu madre era mordida repetidas veces, y luego aparecía él, apuntando con su arma y jalando del gatillo.
Te dejas caer en el suelo de la ducha y hundes tu rostro entre tus piernas, las cuales tienes contra el pecho, y te permites llorar...
Daryl caminaba tambaleante, había bebido demasiado y acababa de darse el baño de su vida. Tarareaba una canción random que alguna vez había escuchado en la radio de su vieja Ford, mientras trataba de recordar cuál de todas esas habitaciones le habían asignado, y cuando la encontró estaba listo para entrar, pero luego entonces lo escuchó.
Un llanto.
No era la clase de hombre que se interesaba por los sentimientos de las personas, o que consolaba a alguien cuando sufría, y hubiera seguido su camino hasta la cama, si no fuese por que te escuchó llorar. Frunce el ceño y camina a la habitación frente a la suya, y logra ver la puerta que esta entre abierta, por lo que se toma la libertad de abrirla y dar un paso dentro de esta.
— ¿Estas bien? — es lo primero que se le ocurre decir, al verte sentada en el suelo y recargada contra la cama.
Sorbes un poco tu nariz y levantas la cabeza.
— Lo siento, no quería molestar — murmuras apenada.
Daryl no dice nada más, solo te mira en silencio, curioso.
— ¿Es por tu mamá? —
Sonríes con tristeza y empiezas a rascar tu mano nuevamente, lastimando tu piel de nuevo, gesto que no pasa desapercibido para Daryl.