Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Caminabas furiosa, irritada, molesta, y lo que seguía de ello, escuchas pisadas fuertes detrás de ti, pero no le das importancia, esperabas que se rompiera el tobillo y quedara en el suelo sufriendo.
— _______, te dije que fueras más despacio— Daryl te llama, se escuchaba molesto, pero le ignoras. — _______ —
— Pues si ya no puedes ir más rápido deberías de quedarte en Alexandria, anciano tonto — gritas girando para decirle aquello, el hombre solo gira sus ojos, pero continúa caminando.
— Niñata mal criada, berrinchuda, payasa... — le escuchas murmurar a tus espaldas, aprietas tus puños y vuelves a girar, para golpearle el rostro, pero el hombre es más rápido y lo esquiva, dejando caer su ballesta al suelo. — ¿Qué demonios te pasa? —
— ¿Qué chingados te pasa a ti? — le gritas en español. — ¡Todo el día me has mantenido alejada, y ahora que quiero irme, te enojas por que lo hago! —
Te sujetas tu cabeza, tenías tantas ganas de pegarle, pero no tenías la suficiente fuerza como para hacerlo.
Daryl solo te observa en silencio, últimamente habían estado discutiendo mucho, fuese por lo que fuese, era como si el haber llegado a Alexandria le hubiera detonado un chip protector al máximo, y te prohibía hacer muchas cosas.
Salir en expediciones era una de ellas, odiabas estar encerrada en Alexandria, pero ahora odiabas tener que salir con un hombre que no te dejaba hacer nada.
— Solo trato de mantenerte —
— A salvo, lo se, siempre es lo mismo — no lo dejas terminar, continuas caminando, pateando su ballesta a propósito, escuchando un bufido por parte del castaño. — Imbécil —
— Entendí eso _______ —
Sigues caminado y le sacas el dedo medio.
Minutos más tarde llegan a Alexandria, ves a Gabriel en el portón, quien te sonríe pero ignoras, no tenías humor para sus cosas. Caminas molesta hasta su casa compartida con tus amigos, y sientes a Daryl detrás de ti. Abres la puerta y con toda la intención del mundo planeas azotarla en su cara, pero el mete su pie, frustrando tu idea de poder golpearlo aunque fuese de esa manera.
— ¡Idiota! — gritas mientras empiezas a subir los escalones a tu habitación de dos en dos, y azotas la puerta de tu habitación.
Mientras tanto en el primer piso, un muy irritado Daryl deja su ballesta sobre la mesa de el comedor y se deja caer de golpe, Carol aparece de el pasillo con un frasco de hiervas secas.
— ¿Problemas en el paraíso? — pregunta burlona, sabía que el hombre y tu solo eran amigos, pero también sabía de tu crush hacia el. Le divertía ver como ambos fingían detestarse, cuando en realidad solo querían estar cerca de el otro.
Daryl bufa y se recarga sobre la mesa, agarrando el centro de mesa y jugando con el.
— Es una niña ridícula que no tiene cuidado por donde va — dice entre dientes. — ¡Casi hace que la muerdan solo por que quería esa estúpida muñeca de trapo! —