Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Si alguien que no fuese de tu círculo cercano les vieran a Daryl y a ti, pensarían que eran una pareja, cuando en realidad eran más como el agua y el aceite.
Tu eras el agua, por que Daryl nunca tocaba el agua, él era definitivamente el aceite.
Y no solo por grasoso.
Llevaban pocos días que habían llegado a Alexandria, muchos les aceptaban, y otros ponían en duda a la líder por dejarlos entrar a la comunidad.
Estabas sentada afuera de la casa que compartías con algunos miembros de tu grupo, y si, desafortunadamente con Daryl también.
Ambos están en el porche, tu en la mecedora con Judith, tratando de hacer que duerma, mientras Daryl le da un chequeo a su ballesta.
Muy pocas veces se llevaban bien, y muy pocas veces no se ponían discutir por cualquier tontería, y siempre evitabas hacerlo frente a Judith, que, aunque no entendía que ocurría entre ustedes, solo reía divertida.
— Deberías de darte un baño Dixon —
Tanto Daryl y tu levantan sus cabezas cuando ven a Carol salir de la casa ya bañada y... extrañamente vestida.
Daryl frunce el ceño y tú sonríes divertida.
— Intenté decírselo, pero ya sabes, le gusta ser mugroso —
Daryl te voltea a ver serio, sin una emoción en su rostro, a lo que le sonríes para molestarlo y meneas a Judith, quien no cooperaba para dormir.
Carol ríe y acaricia tu cabeza, mientras camina a las escaleras del porche.
— Hoy Deanna hará una fiesta, debes de ir presentable Daryl —
— ¿Es por eso que te vistes así de ridícula? —
— Hey — llamas su atención, haciendo que ambos te volteen a ver. — Yo creo que se ve grandiosa, a comparación tuya, hediondo —
— Para con eso mocosa —
— Mentiras no digo -
— A nadie le interesa tu opinión —
— Ni a nadie la tuya —
— Basta los dos — ahora Daryl y tu voltean a ver a Carol, quien sonreía. — Date un baño Daryl, o en la noche entraré a tu habitación y te lanzaré una cubeta de agua con jabón —
Daryl bufa y continúa con lo suyo, mientras tú ríes, contagiando a Judith.
Pero no esperabas que de la risa Judith se orinara, y te mojara el pantalón.
— ¡Jude! —
— ¡Ja! Ahora tu tienes que bañarte —
Le enseñas el dedo medio a Daryl, quien ríe, Carol solo niega.
— Raros, tal para cual — murmura mientras se aleja de ustedes, donde empezaban una nueva discusión.