Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El sol apenas empezaba a colarse entre los barrotes de las ventanas cuando un gruñido bajo se escuchó desde la celda de Daryl. Te habías quedado sentada fuera, recargada contra la pared, esperando que despertara para asegurarte de que estaba bien... o para reírte un poco más cuando recordara lo que había hecho.
— Mierda... — masculló él, llevándose la mano a la cabeza. — ¿Me atropelló un caballo? ¿O fui yo quien lo atropelló a él? —
Ríes por lo bajo y te asomas por la entrada de la celda, viendo a Daryl revolcarse entre las sábanas como si el colchón le estuviera cobrando venganza.
— Digamos que tú y el caballo tuvieron una pequeña diferencia creativa — le dices con tono burlón, entrando con una botella de agua y un pequeño tarro con aspirinas que te dio Hershel.
Daryl entreabre un ojo y te mira como si fueras una aparición celestial... o un demonio con alas.
— ¿Dije algo estúpido anoche? — pregunta con desconfianza, mientras se incorpora con dificultad. El cabello desordenado, la barba más revuelta que nunca, y el sombrero de Carl aún sobre su cabeza.
— ¿Además de proponerte como vaquero profesional y citar a Clint Eastwood mientras te quitabas el sombrero de forma dramática? —
El hombre entrecierra los ojos, gimiendo, y se deja caer otra vez.
— Mátame —
— No hasta que devuelvas ese sombrero —
Se lo quitas con una sonrisa y él apenas puede protestar mientras tú acomodas las cosas a su lado. Luego, se gira lentamente para mirarte, con ese rostro cansado y vulnerable que solo salía a la luz en momentos como ese.
— ¿Dije que te quería? — su voz es baja, como si no estuviera seguro de si era un recuerdo o un sueño.
Te quedas en silencio un segundo, viéndolo.
— Lo dijiste... — susurras —. Y lo dijiste como si de verdad lo sintieras —
Daryl no responde de inmediato. Cierra los ojos, frunce el ceño como si pensara demasiado, luego los vuelve a abrir, mirándote con esa intensidad que a veces daba miedo... y otras veces, simplemente hacía que tu corazón latiera más fuerte.
— Lo siento. No debería haberlo dicho así... tan borracho, tan... — se detiene y niega con la cabeza. — Pero te quiero, siempre te quiero—
Suspiras, acercándote a su lado, sentándote junto a él en la pequeña cama de la celda. Acaricias su cabello suavemente, como quien intenta calmar una tormenta.
— Dilo de nuevo, cuando no tengas alcohol en la sangre — dices con ternura. — Pero no te disculpes por sentirlo —
Daryl asiente, su mano buscando la tuya con torpeza. No dice más, solo se queda contigo, respirando lento, dejándose cuidar por una vez en su vida.
Después de un rato, cuando el silencio entre los dos se convierte en algo cómodo, murmuras.
— A partir de ahora, solo Clint Eastwood en pequeñas dosis, ¿sí? —
Daryl sonríe, ladeando un poco el rostro.
— Solo si me prometes que algún día... vas a montarme tú, y no un caballo —
— ¡Daryl! —
— ¿Qué? Soy Daryl Eastwood, nena —
Y entre risas, resacas y una promesa no del todo seria, la mañana empieza para ambos.