Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Muy pocas veces terminabas agotada en las expediciones que hacían cuando salían de Alexandria, y esa era una de esas ocasiones.
Miras de reojo a tu compañero de viaje, quien fumaba el mismo cigarrillo de siempre, y te preguntabas como le hacía para que le durara mucho tiempo.
Daryl y tu tenían una extraña amistad, al principio no le agradabas, ni mucho menos toleraba tu presencia, y nunca habías conocido la razón por la que le cayeras mal, y cuando Beth murió frente a ustedes, algo pareció cambiar en él.
Había dejado de ser grosero contigo y ahora era un poco más amable.
Solo un poco.
Ahora ya te pasaba la sal cuando se la pedías a la hora de la comida.
Ese día el hombre te había pedido que le acompañaras a salir de la comunidad, te pidió que no hicieras preguntas, que solo fueras con él, y eso fue lo que hiciste.
Realmente no fue una expedición, fue más bien una caminata por un par de barrios libres de caminantes, exploraron las casas, habías encontrado acuarelas y pinceles, los cuales llevabas en tu mochila como si de un tesoro se trataran. Habías encontrado un peluche en forma de jirafa y se lo llevabas a Judith, además de que también te habías encontrado un par de cómics, no sabías muy bien de que iban, pero estabas segura de que a Carl le fascinarían.
Daryl solo te seguía y te observaba, sostenía lo que le pedías cuidar y luego lo guardaba en su mochila.
Regresas a mirar a Daryl, quien se miraba pensativo, demasiado, más de lo normal.
El ojiazul no te mira, ni parece que te ponga atención, su atención estaba puesta en la carretera, mirando atento a todos lados, pues la noche les había alcanzado, y estaban a veinte minutos de llegar a Alexandria.
Se le veía agotado, más de lo normal, y te preguntabas si estaba enfermo, quieres preguntarle, pero sabías que Daryl Terquedad Dixon negaría que se sentía mal o agotado.
— ¿Que tanto me miras _______? — dice mientras te voltea a ver, serio, como siempre, y tienes que apartar la vista y enfocarte en la carretera, mientras tus mejillas se colorean visiblemente.
— Nada —
— Mhh — el hombre regresa su atención al camino, y lleva su mano a su cuello, masajeando un poco y soltando un pequeño jadeo de cansancio.
Levantas tu mirada al cielo nocturno y le rezas al ser supremo sobre ustedes que te perdone por abrir tu boca y preguntarle al hombre gruñón que qué le pasaba.
Te detienes y sostienes su mano, sintiendo escalofríos cuando sientes la calidez de esta contra la tuya, Daryl se detiene de golpe y te voltea a ver, con el ceño fruncido y mirando sus manos aún sujetas.
— ¿Que sucede? ¿Por qué me pediste venir? —
Su rostro tenso se convierte en uno molesto y suelta tu mano de golpe, haciéndote sentir tonta por un momento.
— Te dije que no hicieras preguntas — masculla mientras se vuelve a dar la vuelta y regresa a su caminata.
Tragas con vergüenza, pero no quieres dejar las cosas así, por lo que le alcanzas y vuelves hacer la misma acción, recibiendo un gruñido de molestia de su parte.
— Puedes decirme lo que sea Daryl —
— ¡¿Que mierda no entiendes de que no hagas preguntas?! — grita exasperado, mientras se acerca muy agresivamente a tu cuerpo y te vez obligada a retroceder, sin embargo no apartas la mirada, no te ibas a dejar, ya no eras aquella chica de veintiún años a la que él le gritaba y trataba de tonta.
— ¡No me grites! — esta vez eres tú quien se acerca a él, y con tu dedo índice golpeas su pecho, haciéndolo retroceder. — ¡No te cuesta nada responder! Estuve todo el día en silencio soportando tu malhumor, te acompañé por que pensé que necesitabas hablar o algo, pero no, ¡solo trato de saber que sucede contigo porque me importas! —
Esquivas su cuerpo y estás dispuesta a seguir el camino, pero su mano pesca y jala de la tuya, haciendo que sus cuerpos chocaran, y es que lo sientes llorar.
— ¿D,Daryl? — confundida, y envolviendo tus manos alrededor de su cuerpo, tratas de ver su rostro, el cual él esconde en el hueco entre tu cuello y hombro. — Daryl, se que dijiste que no querías preguntas, pero necesitas decirme que sucede — acaricias su espalda, sientes las costuras en las alas de su chaleco. — Habla conmigo —
— Lo siento — murmura. — Siento ser una mierda contigo, nunca te traté como te merecías, siempre fuiste buena y nunca pude verlo hasta ahora —
— Daryl... —
— No, espera — se aleja un poco de ti, y puedes ver gracias a la luz de la luna su rostro levemente enrojecido y ojos llorosos. — Quería que vinieras conmigo, por que no soportaba ver como eras amable con los demás, no soportaba ver como todas esas personas estaban encantadas contigo y tu jodida amabilidad, donde sea que estes irradias luz, y me sentí celoso de que ellos también lo notaran, siempre me has tratado bien, siempre me has soportado aun y lo cruel que he sido contigo desde que nos conocemos, no quería que vieras que esas personas te apreciaban y quisieras quedarte con ellos en lugar de seguir estando conmigo — baja la cabeza, y tu solo puedes morder tus labios, era la primera vez que Daryl se abría a ti, y era mucho más de lo que esperabas. — Se que no soy la mejor compañía, ni mucho menos un sujeto agradable, y mierda, quiero que seas mi amiga _______, no quiero compartirte por muy egoísta que suene, eres la única chispa que me mantiene cuerdo y atado a la tierra, no quiero perderte, no como perdí a Beth —
Miras sus ojos azules, que bajo la luz de la luna, se ven más hermosos y radiantes de lo normal, quieres llorar pero no te sientes capaz de hacerlo, no querías asustar al hombre y que se retractara.
Te acercas un paso a Daryl, te pones de puntillas, pones tu mano en su nuca y bajas su cabeza, besando su mejilla y luego, dejando un ligero pico en sus labios, uno pequeño y puro.
Uno de amistad.
Escondes tu rostro en su pecho y tienes que contar hasta diez para no romper a llorar y calmar la aceleración de tu corazón.
— Pensé que ya éramos amigos — murmuras, Daryl deja salir el aire y recarga su mentón en tu cabeza. — Gracias por hablar Daryl... Quiero que sepas que siempre voy a estar aquí para ti, y que nunca te voy a dejar, eres mi primer familia y al que siempre voy a recurrir cuando necesite consejos o que me digan lo tonta que soy cuando quiero hacer alguna locura... te quiero cazador — sientes su pecho vibrar en lo que parecía una pequeña risa, sientes sus labios besar tu frente, por lo que alzas la cabeza y le sonríes. — Seamos egoístas juntos Daryl, tampoco me gusta verte rodeado de gente, siento que te van a contagiar que te quieras bañar —
Daryl suelta una carcajada y sonríes ampliamente, aquel tenso momento se aligera, tomas su mano y reanudan su caminata.
Claro que si te gustaba ver a Daryl rodeado de gente, te gustaba ver que se sintiera querido y que le importaba a los demás.
— El día que me bañe por voluntad propia, es por que es por alguien que valga la pena —
Le volteas a ver, fingiendo estar ofendida, llevando tu mano a tu pecho dramáticamente.
— ¿Yo no valgo la pena para que te bañes? —
Daryl sonríe de lado, se inclina un poco y te deja un beso en la mejilla.