Casado con una sexy nerd (2)

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La parrillada quedó atrás como un recuerdo cálido, un eco de risas y música que se desvanecía mientras ustedes caminaban hacia casa

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La parrillada quedó atrás como un recuerdo cálido, un eco de risas y música que se desvanecía mientras ustedes caminaban hacia casa. El aire de la noche estaba impregnado del olor a leña y hierba mojada, y el murmullo lejano de las voces de Alexandria se mezclaba con el crujido de la grava bajo sus botas.

Daryl abrió la puerta y dejó que entraras primero. Cerró detrás de ti con un empujón seco y, sin encender las luces, dejó caer las llaves sobre la mesa de madera. La penumbra lo envolvía todo, y apenas la luz tenue que se filtraba por las cortinas dibujaba su silueta. Se quitó la camisa con un movimiento distraído, pero en su mirada había algo distinto... más oscuro, más intenso.

— Creo que a Eugene ya no le quedó ganas de discutir sobre quién es mejor superhéroe —dijo, esa media sonrisa ladeada sin llegar a sus ojos.

—Él empezó —respondiste, quitándote la chaqueta y tus botas. — Y no pienso dejar que nadie hable mal de Steve Rogers —

Su mandíbula se tensó. No dijo nada al principio, pero dio un paso hacia ti, cerrando la distancia.

—Steve Rogers, ¿eh? —murmuró con voz baja, casi un gruñido. — Siempre hablando de él. Admirándolo — murmuró aquello ultimo, casi con rabia.

Estaba celoso.

¿Y quien no lo estaría cuando su esposa no deja de hablar sobre un actor que probablemente estaba muerto en el mundo apocalíptico?

Daryl realmente esperaba que el Capitán America fuese un caminante en esos momentos.

—Es un héroe... —empezaste, pero no pudiste terminar.

Su mano callosa se cerró en tu cintura, atrayéndote con una fuerza que te obligó a dar un paso adelante. Sus ojos ardían con algo que no era solo deseo, era reclamo.

—No es él quien duerme contigo todas las noches —dijo, su voz ronca y firme.

Sus labios atraparon los tuyos con una intensidad que rozaba la impaciencia, sus manos escalando a tu cuello, sin dejarte ir. No hubo preludio suave, solo la urgencia de alguien que quiere dejar claro algo que siente suyo. Te empujó suavemente contra la pared, y la frialdad del muro contrastó con el calor abrasador de su cuerpo.

—Daryl... —susurraste, pero él no te dio tregua.

Sus manos se movieron rápidas, subiendo por tu espalda y bajando por tu cadera, explorando tu cuerpo como si quisiera grabarse cada curva en la memoria. Entre beso y beso, habló contra tu boca.

—Quiero que recuerdes... quién es el que te toca así—

La fuerza de sus manos te levantó por los muslos, y de pronto estabas rodeándolo con las piernas. Tu respiración se aceleró, y cada movimiento suyo acercaba sus caderas a las tuyas con un ritmo cargado de intención. No había prisa, pero sí una posesión latente en cada roce.

Te llevó hasta el sofá sin soltarte, hundiéndote en el respaldo mientras se arrodillaba frente a ti, quedando entre tus piernas. El calor de su piel, la presión de sus manos... todo estaba orientado a recordarte que él estaba ahí, que era tuyo y tú eras suya.

—No es Steve Rogers quien te hace temblar así —murmuró, bajando sus labios por tu cuello.

La barba te raspó suavemente, y cada beso dejaba una sensación ardiente que te recorría entera. Sus manos bajaron por tus costados, aferrando tu cintura y tu muslo con firmeza. El mundo se redujo al sonido de su respiración, al golpeteo de tu corazón, y al murmullo grave con el que te reclamaba.

Daryl no perdió el tiempo y desabrochó tu pantalón, quitándotelo sin perder más tiempo, alzando tus piernas a modo de que tu espalda estaba completa hundida en el respaldo, tus piernas dobladas y tus pies sobre el asiento, quedando completamente expuesta para él, y Daryl se hundió en ti, sin dar tregua a su lengua sobre tus pliegues.

— ¡Daryl! — gemiste al sentir aquella húmeda sensación apoderarse de ti, mientras que Daryl absorbía cuanto podía.

Tus manos rápidamente buscaron sus cabellos y jalaron de ellos, haciendo que el ojiazul se hundiese más en ti.

Daryl, por otro lado, estaba sediento de ti, todo el día escuchándote hablar de otro hombre, admirando a un desconocido, y lo único que necesitaba en esos momentos, era escuchar su nombre salir de tus labios, justo como ahora. Sonríe, mientras continúa saboreando, chupando, provocando.

No pierde tiempo, y dos de sus dedos terminan entrando dentro de ti, moviéndolos como solo él sabía hacerte llorar por más, tu cabeza contra el respaldo, tus manos aún sosteniendo su cabeza y cabello, sonidos sin sentido.

— ¿Acaso ese tipo te podría hacer esto? — jadea Daryl, sintiendo su entrepierna presionar fuerte, pidiendo ser libre.

— No... no estás siendo... ¡ah! — Daryl te gira, haciendo que ahora quedaras con el pecho recargado sobre el respaldo, tus manos aferrándose por igual a este, mientras que tu trasero volaba dándole aún más vista a Daryl, quien se levanta y desabrocha su pantalón, quedando completamente desnudo, y nuevamente sin perder tiempo, te penetra robándote un fuerte grito de placer, y sus movimientos no son gentiles ni armoniosos.

Son movimientos salvajes, con rabia y celos, y puedes sentirlo.

Y sonríes.

Sonríes de placer, de victoria.

Y cuando giras poco tu cabeza para mirarle sobre tu hombro, Daryl se inclina para besarte, como si estar dentro de ti no fuese suficiente y besarte los hiciese fundirse aún más.

Quería estar conectado a tu de todas las maneras posibles.

—Mía —susurró contra tus labios.— Todo esto... es mío —

Sus manos subieron otra vez, esta vez con un recorrido más lento, como si disfrutara del efecto que tenía en ti. No había dudas, no había distracciones; solo esa certeza que él quería que llevaras grabada en la piel y en la memoria.

Daryl te tomaba con fuerza contenida de alguien que llevaba toda la noche acumulando celos y deseo. Cada movimiento suyo era un recordatorio ardiente de que no eras de nadie más. Te sostuvo con firmeza, se aferró a ti como si el mundo pudiera desmoronarse en ese instante y solo tú pudieras mantenerlo de pie. Y en cada susurro, en cada roce y en cada mirada, te dejó claro que Steve Rogers podía ser un héroe... pero Daryl Dixon era el único capaz de hacerte olvidar a todos los demás.














Dios, hace mucho no escribo +18.

Imagine how this ends (Daryl Dixon y tu) One Shots. +18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora