Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Todos estaban fuera de la casa haciendo sus actividades diarias.
Todos excepto tú y Daryl.
Daryl y tú no tenían la mejor relación desde que se habían conocido en la prisión, solían discutir, nunca estaban de acuerdo con la idea del otro, y solían hacerse malas caras, se enseñaban el dedo medio mutuamente, o simplemente se ignoraban.
Y es que estar en varados en la carretera durante meses, tampoco les había hecho dejar atrás sus riñas y diferencias, ni siquiera ahora que estaban en Alexandria.
Pero se atraían.
Ambos se habían atrapado mirándose con intensidad en muchas ocasiones, pero ninguno había intentado algo.
Daryl estaba recostado en el sofá de la sala, descansando un poco ya que había regresado esa mañana de su intento de enseñarle a cazar a Stephanie, una rubia, esbelta, de bonitos ojos verdes, además de insoportable que estaba detrás de el ojiazul, lo cual, por alguna extraña razón, te molestaba que la rubia estuviera a su alrededor.
O tal vez por que siempre tenías que verla en tu casa, y escuchar su irritable voz.
Tú, por tu parte, leías un poco en la barra de la cocina, un nuevo libro que te había obsequiado uno de los chicos de expedición, Pablo, un chico latino con el que te llevabas particularmente bien.
Alguien toca la puerta de la casa, por lo que miras sobre tu hombro, para ver si Daryl se levantaba a abrir, ya que el estaba más cerca de la puerta que tú.
— Daryl, tocan —
Silencio.
— Daryl — repites, alzando la voz, pero solo vez la mano del hombre enseñándote el dedo medio, por lo que gruñes molesta y te levantas, empujando la silla y haciendo que esta rechine, ganándote un gruñido por parte del ojiazul, quien odiaba que hicieras eso.
Sonríes con burla y pasas por su lado.
— Estúpido —
— Bruja —
Abres la puerta, y en esta vez a la rubia, quien te sonríe mostrando sus perfectos dientes, su cabello bien acomodado en ondas, y un aparente maquillaje ligero.
Se ve espectacular, debo admitirlo.
Te lo guardaste para ti misma, y te cruzaste de brazos, seria, mostrando que su presencia te molestaba.
— ¿Qué? — preguntas de mala manera, ganándote una pequeña mueca de fastidio por parte de ella.
— Estoy esperando a Daryl, dijo que nos veríamos hoy —
Giras y vez al hombre que tenía su cabeza levantada, asomándose un poco sobre el respaldo del sillón, y puedes ver en sus ojos que pedía que le libraras de aquel compromiso.