Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Los días se alargaban como sombras largas, y la vida en la prisión era más pesada que nunca. La pequeña Judith se había convertido en el centro de todo, y con razón. En un mundo que ya no tenía mucha esperanza, su risa y su mirada inocente eran lo único que mantenía a todos a flote. Pero eso también significaba que las preocupaciones nunca se detenían: su bienestar, su seguridad, su futuro.
El estrés se había apoderado de ti. Habías dejado pasar el tiempo sin siquiera pensar en ti misma. Los días se desvanecían entre los horarios de vigilancia, las rondas de búsqueda de suministros y las tareas de protección. Fue cuando te diste cuenta que, al mirar el calendario, habías olvidado completamente algo importante.
Hoy era tu cumpleaños.
Pero en el mundo en el que vivías, ¿qué importaba? A nadie le importaban las fechas ni los recuerdos. Estabas demasiado ocupada, demasiado centrada en mantener a Judith a salvo, como para pensar en celebraciones. Lo que no sabías era que alguien, a pesar de las diferencias, lo había recordado.
La tarde comenzó como cualquier otra, con las tareas de la prisión apilándose una tras otra. Mientras caminabas por el pabellón, tratando de hacer todo lo que podías para ayudar, alguien te detuvo en seco.
— Eh, ______. —
Era Daryl.
Lo miraste por encima del hombro, con una ligera sorpresa. Desde que se conocieron en el campamento de Atlanta, la relación con él había sido... complicada. Daryl tenía una manera directa de ser, a veces demasiado ruda, y no compartían muchas palabras amables. Pero había algo en él, algo que lo hacía diferente. Aunque no lo admitías, sabías que te entendía de maneras que otros no lo hacían.
Él dio un paso hacia ti, con la mirada decidida, y en sus manos traía algo pequeño, envuelto en un trozo de tela sucia. Lo extendió hacia ti sin decir una palabra más.
— Es para ti— dijo, su tono bajo, como si aquello fuera más una orden que un regalo.
Curiosa, tomaste el paquete, deshaciéndolo con cuidado. Dentro había una pulsera de plata, delicada y hermosa, con pequeños diamantes azules incrustados en ella. El metal brillaba débilmente bajo el sol, pero lo que realmente te sorprendió no fue el objeto en sí, sino el gesto. Daryl, el hombre que no parecía preocuparse mucho por las costumbres ni por los cumpleaños, te había dado un regalo. Y no era algo común. Era personal.
— ¿Por qué? — preguntaste, sin saber muy bien cómo reaccionar. — No tenías que hacerlo...—
Daryl desvió la mirada, como si de alguna manera no quisiera que lo miraras demasiado.
— Te escuché, hace tiempo, dijiste que habías tenido una y que la habías perdido luego de que nos fuimos de la granja del viejo — dijo simplemente. — Por la manera en que parecía que era importante para ti, se que no es la misma, pero es algo... te escucho, ______, cuando parece que nadie más lo hace, yo lo hago, y te mereces algo bonito —
La verdad es que esa era la esencia de Daryl, aunque él nunca lo dijera abiertamente. Era el tipo de persona que veía más allá de las palabras y las circunstancias. Siempre estaba observando, siempre sabía cuándo alguien necesitaba algo, aunque nunca lo dejaba ver demasiado. El simple hecho de que te hubiera escuchado, que hubiera notado tus días difíciles, era más de lo que podías esperar de cualquiera en el campamento.
No sabías qué decir. En un mundo donde las palabras se volvían vacías por la constante lucha por sobrevivir, ese gesto de Daryl lo decía todo. No necesitabas más.
Con el corazón latiendo un poco más rápido de lo habitual, miraste la pulsera, luego a él. No sabías por qué, pero algo en ti te empujó a hacerlo. Te acercaste lentamente y, sin pensarlo demasiado, le diste un suave beso en la mejilla. Era un gesto pequeño, pero con todo el peso de la gratitud detrás.
Daryl se quedó rígido por un segundo, como si no supiera cómo reaccionar. Luego, para tu sorpresa, notaste que sus mejillas se tiñeron de un rojo suave, algo que rara vez ocurría con él. Se pasó una mano por el cabello y te dio una mirada fugaz, casi confundida, pero también agradecida.
— Gracias, Daryl, es muy lindo de ti parte —
— Eh... No es nada, ______ — murmuró, como si intentara restarle importancia al momento. Pero sus ojos no podían ocultar lo que sentía. Era un hombre que, aunque no lo dijera, de alguna manera te valoraba más de lo que te mostraba.
Ambos se quedaron en silencio por un momento, sin saber qué más decir. La tensión en el aire era extraña, pero también cómoda. Era la primera vez que veías a Daryl de esa manera, vulnerable y humano, algo más allá del cazador y guerrero que todos conocían. Y por primera vez, la relación que compartían no se sentía como una lucha constante. Era simplemente... real.
El viento sopló suavemente, moviendo las hojas y el polvo. Judith, desde lejos, te miraba con curiosidad, como si intuyera que algo había cambiado. Y quizás, en esa mirada, entendías que la vida seguía, y a veces los pequeños gestos de bondad, como este, eran lo único que te mantenía con fuerza para seguir adelante.
Te alejaste un paso, con la pulsera todavía en la mano, y con una sonrisa sincera que no pudiste ocultar.
— Gracias, Daryl. De verdad —
— De nada —respondió, en voz baja, pero con algo más de calidez que antes.
Y, por una vez, el mundo fuera del campamento, con sus caminantes y constantes peligros, pareció un poco más soportable.
Esta chiquita que les escribe con tanto amor y dedicación...
¡Está de cumpleaños hoy! 🥳🥳🥳
Happy birthday to me...
24 añitos, wow, ¿Quién lo diría?
Gracias por seguir conmigo, mis preciosas, esto a sido un viaje demasiado largo, y espero que sigan a bordo de este barco conmigo hasta el final de los tiempos.