Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Terminas de clavar tu cuchillo de caza en el último caminante que estaba a la vista, te enderezas y limpia el sudor que recorría tu frente. Había sido un largo día de expedición, estabas muy agotada y solo deseabas poder llegar a tu casa en Alexandria, tomar una larga y bien merecida ducha, y dormir el resto del día.
El alimentar tu cuerpo podía esperar hasta que despertaras.
Escuchas un par de risas detrás de ti y volteas un poco tu cabeza.
Aaron y Daryl venían platicando y riendo, lo cual te molestaba, pues el ojiazul había terminado contigo hacía unas semanas atrás y ahora estaba allí con ustedes, sin ninguna invitación. Daryl hace contacto visual contigo y sonríe, como si no hubiese pasado nada entre ustedes, lo cual te molesta más y haces una mueca de desagrado, dándole nuevamente la espalda.
— No puedo creer que viniera — murmuras a Tara y Rosita, sintiendo el rostro caliente. — Primero me manda a la mierda, diciendo que no quiere tenerme cerca, y ahora está aquí sobre mi —
— Tengo la teoría de que es el Alzheimer— murmura Tara para que tú y Rosita pudiesen escuchar, lo cual las hace reír.
— Si, creo que es eso, o se dio cuenta de que Aiden esta detrás de tus huesos y está celoso —
Frunces el ceño, y un repentino sonrojo aparece en tus mejillas. Agachas la cabeza y te dispones a dar un or de pasos hasta que Rosita te detiene, pero te niegas a mirarla.
— ¿Tienes algo con Aiden? — pregunta en un susurro, poniéndote de pronto nerviosa.
— No — niegas con rapidez, y volteas a ver a Daryl, quien les miraba fijamente, tratando de adivinar cual era su conversación. — Ni siquiera sabía que yo le gustaba —
— No te hagas la idiota _______ — te golpea el brazo Tara, a lo que frunces la frente y sobas en donde te dolía.
— De verdad, no hay nada entre nosotros — intentas volver a alejarte, pero tus amigas te detienen, ignorando por completo que Daryl y Aaron empezaban a acercarse a ustedes. — Paren con esto, Aiden no me gusta, jamás me a gustado —
Rosita y Tara se miran entre ellas.
— Pero tal vez... Trate de darle celos a Daryl —
La carcajada de Tara y Rosita te toma por sorpresa, y les miras sin entender que les causaba gracia.
— ¿Eso era lo que hacías? — dice tratando de recuperar el aliento Tara. — Mierda, eres mala para ello —
— Das lastima _______, pensé que te había enseñado bien — bromea Rosita.
— Cierren la boca — te giras, y en eso chocas con el pecho de cierta persona por la cual te morías besar.
— ¿Qué era lo que tratabas de hacer? — pregunta Daryl, sin entender bien de que iba todas esas carcajadas y tu rostro rojo.