Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Picabas verduras mientras que Daryl estaba sentado en una mesa, entretenido viendo una revista playboy que se había encontrado encontrado en una de sus salidas.
Estaban solos ese día en su pabellón, Hershel le enseñaba a Rick y Carl a como cultivar, Beth y Carol estaban disfrutando de un día de descanso cuidando de Judith, Michonne estaba en una salida y probablemente Maggie junto con Glenn estaban en alguna parte de la prisión teniendo sexo.
Tu te habías ofrecido a hacer la comida ya que Carol siempre lo hacía, y sabías que ella se merecía descansar.
La vida en prisión prosperaba y la gente les agradecía que ustedes fueran diferentes a lo que había sido sus vidas en Woodbury.
Daryl había cazado un par de gallinas que andaban cerca de la prisión y ahora disfrutaba de su descanso, y que mejor que molestándote y acompañándote en tu día.
Escuchas como golpetea la punta de su zapato contra el suelo repetidas veces, por lo que levantas un poco la mirada, esperando a que se detuviera en algún momento, pero él solo se mantiene entretenido leyendo su revista de adultos.
— ¿En serio estás leyendo eso con Judith y Carl aquí? — reprochas, como una manera de que detuviera su golpeteo en el suelo.
Él te mira por unos segundos, luego mira a su alrededor y se encoge de hombros.
— Yo no los veo por aquí, dulzura —
Arrugas la nariz y le miras mal.
— No me llames así, apestoso —
Daryl sonríe de lado y dobla la revista a la mitad mientras la guarda en su bolso.
— ¿Por que no? Eres tan empalagosa como el caramelo —
— Y tu tan hediondo como la mierda —
Daryl se recarga en la mesa, echando su cuerpo hacía atrás y ladea su cabeza, inspeccionando tu cuerpo, poniéndote nerviosa, por lo que regresas a lo que hacías.
— Te vez follable hoy, dulzura —
El cuchillo se te resbala de la sorpresa, haciendo que casi te cortaras, por lo que le volteas a ver con cara de horror y le lanzas un trapo.
— ¿Que mierda Daryl? — te acercas a él y te detienes casi en medio de sus piernas, te cruzas de brazos y te inclinas un poco hacia enfrente. — Primero me rechazas y ahora me tienes ganas, ¿De que va el juego contigo, engendro de Chucky? —
Eso lo hace reír, y te atrapa en un abrazo que es demasiado cómodo para tu gusto, ya que en lugar de hacerte enojar, te emociona, pero estabas enojada con él y debías de mantener la fachada.
— No te rechace dulzura, estaba malo del estómago, ¿Querías que te follara cuando lo único que quería hacer en esos momentos era cagar? —
Haces una mueca de asco, y Daryl ríe, dándote un pico en los labios.
— Eres un cerdo, guárdate para ti esas mierdas —
— Vaya lenguaje que te cargas hoy _______ —
Ruedas los ojos e intentas safarte de su agarre, el cual incrementa cada vez que tratas de que te suelte.
— Tu me haces ponerme de malas, Mr. Playboy—
— ¿Mr. Playboy? — ríe y te roba otro beso, luego otro, y luego baja a tu cuello, besando y succionando levemente, haciendo que una sonrisa se deslizara de tus labios. — ¿Ahora me llamas así? Hace unos segundos era engendro de Chucky —
Tu piel se pone de gallina y tienes que cerrar tus ojos cuando el ojiazul mete sus manos dentro de tu camiseta.
Estabas siendo muy fácil, por lo que frunces el ceño y lo apartas de golpe, sorprendiendo a Daryl, por lo cual aprovechas y te apartas, regresando a lo que hacías, tragando duro, pues habían iniciado algo que sabías que Daryl buscaría terminar.
Tomas el cuchillo del suelo, lo limpias y empiezas a picar nuevamente la verdura, mientras Daryl sonreía con sorna, por lo que se baja de la mesa y camina a grandes pasos hasta donde estas, te toma de las dos manos desde atrás, haciéndote tirar nuevamente el cuchillo al suelo, y te recuesta sobre las cosas que preparabas para la comida del día.
— ¿De verdad crees que te vas a salir con la tuya? — murmura, haciéndote sonrojar con violencia y sientes sus manos explotar tus pantalones hasta llegar al broche de estos, y segundos después bajártelos al suelo junto con tu calzoncillo.
— Daryl, no haremos esto sobre la comida de nuestros amigos — murmuras cerrando los ojos mientras sientes como empieza a rozas su miembro que no sabías en qué momento había sacado de sus pantalones.
Daryl sonríe con burla, y empieza a introducirse lentamente en ti.
— ¿Y? No es la primera vez que lo hacemos —
~•~•~
La comida había tardado más de lo usual en estar lista, y para cuando todos empezaron a comer, ya estaba a punto de ser la cena.
Veías el rostro cansado de todos, pero también veías como disfrutaban de sus alimentos, estás sentada al lado de Daryl, quien comía y con su mano libre acariciaba tu espalda baja, manteniéndote cerca de él.
— Te luciste con la cena de hoy ______ —
Le sonríes de boca cerrada a Glenn, quien llevaba su segundo plato.
— Cierto, hoy sabe mejor que otros días — secundo Maggie, y solo le atinas a bajar la cabeza.
— Nuevo ingrediente secreto — dice Daryl, mientras aprieta tu pierna y tienes que morderte los labios para no gemir.
Le miras achicando los ojos, pidiendo que parara, y eso le hace sonreír más.
Si tan solo supieran que el nuevo sabor salado venia del sudor de ambos...