Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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No tenías ni la más mínima idea de por qué habías hecho eso, pero la libertad se sentía jodidamente encantadora.
O tal vez no querías admitirlo, pero conocer a Daryl, te había motivado a abandonar el santuario.
Nadie sabía que habías huido, nadie sabía que alguna vez habías estado en ese lugar, nadie te extrañaría jamás, y llevabas días deambulando lejos, muy, muy lejos de lo que llamaste hogar por varios años.
Habías escapado por la noche, cuando todos dormían, nadie notó cuando sacaste tu pequeña mochila con alimentos enlatados por los cuales habías trabajado tanto tiempo.
No eras estúpida, no les robarías a los salvadores, no les darías una razón para que te fueran a buscar.
No sabías en donde te encontrabas, pero de algo si, y era que te habías ido derecho, habías caminado derecho por días, y estabas lo suficientemente lejos del santuario, y eso te hacía feliz.
Te detienes cuando sientes tus piernas cansadas, y te sientas en una roca, sacando una botella de agua de tu mochila con provisiones y le das un pequeño trago.
Miras a tu alrededor, todo está vacío, habías perdido la costumbre cuando se trataba de terminar con los errantes, pero no parecía difícil de volver a aprender, según tu nueva cuenta, llevabas al menos una docena de ellos.
Dejas salir el aire, y aprietas el agarre en tus botas, pues no querías tener un accidente si debías de salir corriendo.
Retomas tu camino, yendo rumbo donde se ocultaba el sol, y eso significaba una cosa, debías de encontrar donde dormir.
Y para tu mala suerte, tuviste que treparte a un árbol, y te amarraste a este, pues no estabas dispuesta a ser sorprendida en el suelo por los errantes y que estos te devoraran.
Miras el cielo oscuro, el cual mostraba miles y miles de estrellas. Desde que el mundo que conocías se había detenido, y las luces de las ciudades no alumbraban, ahora el cielo mostrabas sus hermosos colores por la noche, y podías ver las estrellas.
Unos ojos azules vuelven a aparecer en tu mente, y cierras los ojos unos segundos, recordando la mirada que el hombre te había dado antes de irse.
¿Qué hubiese pasado si aceptabas ir con él?
No sabías la respuesta, eran tantas cosas las cuales podrían pasar, desde que te aceptaran, o no.
¿Dónde estaría Daryl? ¿Habría logrado regresar con los suyos? ¿Le contaría a alguien sobre ti y como le dejaste escapar?
Con aquellas preguntas, tapaste tu cuerpo con la cobija, y quedaste dormida sobre la rama alta del árbol.
~•~•~
Llegas a lo que parece una cabaña abandonada, sonríes, era el primer lugar con techo que encontrabas en semanas.