Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Meses más tarde...
Ya no sentías las piernas, no sabías cuánto tiempo llevabas corriendo, pero de algo estabas segura, si te detenías, morirías.
Lo habían perdido todo, absolutamente todo, y en tu mente solo repetías como aquel hombre, el gobernador, había arrancado la cabeza de Hershel de su cuerpo.
Llorabas, jamás habías vista tanta crueldad en un humano, y ahora les habían arrebatado a un ser precioso y sabio.
No sabías dónde estaba el resto de tu grupo, ni sabías si habían sobrevivido, habías estado al lado de Maggie y Beth cuando vieron morir al hombre, y habías visto por última vez a Daryl cuando asesino al hombre que estaba en el tanque, luego de eso, nada.
No te habías encontrado con nadie, llevabas días deambulando sola, y caminantes te pisaban los talones.
Te detienes unos segundos, recargándote en un árbol, tratando de recuperar el aire, mientras en tu mente tratas de adivinar a donde podrían haber ido tu gente.
Y es que ni siquiera habían planeado una ruta de escape, creían que estaban seguros en la prisión y que jamás sería necesario huir.
Muy equivocados y alejados de la realidad.
Escuchas una fuerte explosión, no muy lejos, giraste un poco tu cabeza y viste a los caminantes que te seguían, ahora ser atraídos por el humo y los constantes disparos.
Sonreíste, pues muy en el fondo, esperabas que fueran ellos.
No pasó ni media hora cuando en la distancia, viste un grupo de personas que caminaban en tu dirección contraria, sonreíste cuando reconociste aquel distinguido chaleco con alas que tantas veces habías visto en la silla que estaba en tu celda.
— ¡Daryl! —
El grupo se detuvo y todos giraron con rapidez, pero el hombre que tanto deseabas volver a ver, dejó caer su ballesta y empezó a correr en tu dirección, y con las pocas fuerzas que aún sentías en tu cuerpo, te lanzaste contra él, rompiendo en llanto, mientras Daryl te abrazaba con fuerza y te daba un par de vueltas en el aire.
— Creí que te había perdido para siempre — alcanzas a oírlo mientras solloza en tu hombro, sonríes y te alejas un poco, poniendo tus manos en su rostro, le sonríes, y sin poder evitarlo, lo besas.
Daryl te sigue el beso, presionando tu cuerpo con el suyo, mientras recorre con desesperación tu espalda, como si tuviese miedo de perderte cuando se separaran.
— Jamás volveré a alejarme de ti, nunca — murmura contra tus labios, mientras lucha por no llorar y seguir viéndote.