My name is Daryl (3)

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Preparabas el desayuno, y al mismo tiempo observabas a Daryl dormir en el sofá de tu pequeña sala

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Preparabas el desayuno, y al mismo tiempo observabas a Daryl dormir en el sofá de tu pequeña sala.

No habías podido dormir, después de aquella larga plática que tuvieron, te preguntabas cómo habrían sido las cosas si no te hubieses marchado.

¿Vivirías en alguna de las comunidades que antiguamente Negan tenía bajo su poder?

¿La gente te trataría como salvadora, aún y no tuviste nada que ver en aquellos terribles asuntos?

¿Daryl te habría protegido?

Aquella última pregunta te rondaba la mente.

Y es que no conocías prácticamente de nada al hombre, solo se habían visto una vez, y había sido suficiente para que te motivara a tener la libertad que ahora gozabas.

¿Regresó por ti por que le habías salvado?

Si bien lo habías dejado escapar por que te aterraba que te hiciese daño, también lo dejaste ir por que habías visto lo cruel que los salvadores eran con él, y por qué te recordaba a tu difunto amigo, que por un error, había terminado muerto.

Te sorprendió saber que Negan seguía con vida, que aún y se mereciese la muerte, debían de seguir llevando el mundo como era antes, y no darle el camino fácil de la muerte.

Debía de pagar por todos los daños y cosas horribles que había cometido en vida, y pagarlos en carne propia.

Según lo que Daryl te contó, Negan estaba recluido en una pequeña celda donde su única conexión al mundo era una pequeña ventana, y una visita de un padre.

Pero lo que más te tenia inquieta, era la propuesta del hombre, pues te había invitado a mudarte a su comunidad, Alexandria.

Un nombre muy bonito, para lo que probablemente era un lugar muy bonito.

¿Dejar tu cabaña por un lugar en el cual probablemente no te vayan a aceptar?

Polly pone sus dos patas en tu pierna, y ladra una vez, como si sintiera tu angustia, por lo que te pones de cuclillas y acaricias con ambas mano su pelaje marrón.

— Lo sé, suena tentador... pero somos felices aquí, ¿No? — Polly vuelve a ladrar, y lame tu mejilla, haciéndote reír. — Y allá no creo que tengan pescado fresco como aquí—

— Si tenemos pescado fresco —

Alzas la mirada, y un adormilado Daryl camina hasta ponerse frente a ti, también acariciando a Polly, quien se deja agarrar.

Te levantas, y vas a lavar tus manos para continuar haciendo el desayuno.

— Lo mejor es que me quede aquí —

Cómo estás de espalda a Daryl, no ves cuando este hace una mueca en desacuerdo, y también cierto disgusto se forma.

— Muchos conocen la historia de la chica que me dejó ir, eres algo así como una celebridad—

Ríes, y volteas a ver a Daryl, quien ahora estaba sentado en la silla, aún acariciando a Polly.

— Pero no por eso significa que confíen en mi, tu mismo me lo contaste anoche, sobre aquella mujer que era una antigua amiga de la esposa de tu amigo fallecido, nadie confiaría en mí ni aunque les ofreciera la cura —

— Ni siquiera lo intentas — bufa de mala manera el ojiazul.

— ¿Intentar que? Son hechos Daryl, ¿Harás que tu gente se someta a la desconfianza y el miedo una segunda vez? —

Pones los platos de comida en la mesa, y luego dos tazas de café negro.

— ¿Eres feliz aquí _______? —

Te sientas y sonríes medianamente, y luego asientes.

— Soy feliz aquí, en verdad lo soy... ¿Podemos desayunar? —

Daryl termina dejando salir el aire, y sin responder o hacer un gesto, empieza a comer.

~•~•~

Daryl prepara sus cosas para partir, la herida en su hombro ya no dolía, y solo estaría a tres días de distancia para llegar a su "hogar" en Alexandria.

Te mira jugar con Polly, te mira disfrutar de la naturaleza, y algo que él conocía a la perfección, disfrutar de la soledad.

Las personas a su alrededor siempre le decían que estar solo no era bueno, que no hacía feliz a las personas, y solía creerles, y terminaba regresando a Alexandria, tal vez sintiendo un poco de culpa por que sabía que extrañaría su estancia en el bosque y debía de regresar a la cómoda cama en su casa.

Él amaba el bosque, amaba los sonidos que este emitía, amaba sentirse libre, amaba no tener que darle cuentas a nadie, y sobre todo, amaba el hecho de que había encontrado a alguien que amaba tanto la libertad como él.

Tu.

Y por eso cuando Daryl llegó a Alexandria, solo fue para despedirse de sus amigos y de los niños que amaba como si fuesen de él, con la promesa de que siempre los visitaría, pero era momento de que empezara a ver y vivir para él.

Acariciabas a Polly, quien lloraba desde que el hombre de ojos azules se había marchado, y no entendías cómo era que tu perro se había encariñado con alguien que apenas había conocido.

Y es que no culpabas a tu amigo peludo, lo mismo te había pasado a ti.

Ver partir a Daryl había sido duro, no habías tenido contacto con un humano en años, a excepción de los muertos, quienes no eran precisamente una agradable compañía, y ahora que el ojiazul se había marchado, no sabías si algún día volverían a cruzar sus caminos.

Pero por nada del mundo esperaste que una semana después Daryl estuviese de vuelta, con un par de mochilas y con una sonrisa liberadora plasmada en su rostro.

— ¿Aún puedo quedarme en el sofá? —

Reíste, mientras dejabas ir a Polly, quien se aventaba contra el hombre y ladraba y movía su cola de emoción.

— Te daré la segunda habitación—

Daryl te sonríe de vuelta y acaricia la cabeza de tu mascota.

— Hecho —

Fin...

Imagine how this ends (Daryl Dixon y tu) One Shots. +18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora