Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Sus risas inundan su hogar, eres perseguida por Daryl, quien está embarrado de chocolate por toda la cara, y todo por que había tratado de robar con su dedo chocolate del que estabas usando para untar en el pastel que llevarías a casa de los Grimes al día siguiente.
Abres la puerta de la casa y la lluvia majestuosa te recibe mientras huyes de Daryl, quien venia con sus manos llenas de harina para embarrarte, corres como loca por el jardín y Daryl detrás tuyo, riendo a carcajadas. Pronto sus voces y risas empiezan a ser muy fuertes, llamando la atención de los habitantes de Alexandria, las personas se asoman por sus ventanas y disfrutan del espectáculo que les están brindando, y otros deciden unírseles y disfrutar de la tarde lluviosa.
Para cuando te das cuenta, niños y familias completas están corriendo bajo la lluvia, y por distraerte, Daryl te toma de la cintura, y aunque la harina desapareció de sus manos por el agua, y el chocolate ya se había limpiado por la lluvia, te abraza con fuerza, hundiendo su rostro en el hueco de tu cuello y hombro.
— Gracias por hacer mis días más felices _______ — murmura, apartándose un poco para verte mejor. — No has hecho más que brindarme alegría desde que te conocí — sus labios atrapan los tuyos, fundiéndose en uno húmedo y apasionado, las mariposas en tu estómago vuelan alborotadas y cuando se apartan, Daryl toma tu mano, dándote una vuelta como si estuviesen bailando. Ríes y ambos empiezan a bailar, siendo guiados por la lluvia que golpeaba el suelo y las risas de las familias.