Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Con el rifle en mano, apuntas en dirección donde un par de caminantes se juntaban en la cerca, suspiras y bajas el arma, pues no eran más de cinco caminantes.
Unas manos se posan sobre tu cadera y entierran sus dedos, haciendo que sonrías.
— Te eh extrañado todo el jodido día — murmura el ojiazul contra tu nuca, llevando su boca a cuello, repartiendo besos desde tu hombro hasta tu clavícula.
Giras y quedas frente a él, pones a un lado el rifle y luego llevas tus manos a su cuello, cruzándolas y acercándote a sus labios, besándolo con delicadeza y cariño.
Daryl te aprieta contra su cuerpo y el barandal, y acaricia tu espalda.
Se separan por la falta de aire, y acariciadas su mejilla, sonriéndole.
— Yo también te eh extrañado —
Daryl sonríe y te abraza, haciendo que recargaras tu cabeza en su pecho.
El hombre había salido durante todo el día para cazar algo y llevar alimento a todas las bocas que habitaban en la prisión, y había regresado un par de horas antes, solo que no habían tenido la oportunidad de verse, ya que cada uno seguía haciendo sus tareas y no tenían tiempo para verse.
No eran novios oficiales, pero se querían, y respetaban su no-relación, siendo exclusivos solo con ustedes mismos.
Y el sexo...
Era lo mejor de su no-relación.
— ¿Cómo estuvo tu tía? — pregunta con casualidad el hombre, cuando se adentraron en la torre, pues hacía frío fuera de esta.
— Pues estuve la mayor parte del día en las rejas matando caminantes, luego le ayude a Hershel con su huerto... Además de que le enseñé una nueva palabra a Judith —
Daryl alza una ceja sonriente y se sienta sobre la mesa, comiendo de lo que Carol le había guardado.
— ¿Oh si? ¿Y que le enseñaste? —
Te cruzas de brazos y te recargas contra la pared.
— Daryl —
Daryl levanta ambas cejas y aleja el bocado de carne que llevaba a su boca.
— ¿Mi nombre? — asientes y te acercas a él, llevas tus manos a sus piernas y le robas un beso.
— Si, ahora cuando alguien la moleste podrá llamarte —
Daryl sonríe de lado y pone el plato detrás de él, se chupa los dedos y te envuelve en un abrazo.
— ¿Y porqué no el nombre de su papá o hermano? —
Ladeas tu cabeza y dejas que el hombre te ponga entre sus piernas, y te abrace.
— Por que tu fuiste el primero en cuidar de ella, bobo —