Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
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Mirabas la pequeña tumba frente a ti. Sonríes con tristeza y te pones de rodillas mientras sostienes un carrito verde entre tus manos.
— No te he olvidado mi amor... Mami siempre te lleva aquí— susurras tocando donde estaba tu corazón.
Ya habían pasado casi tres años desde que habías perdido a tu pequeño de dos años. Aún no podías superar su muerte, había sido tan doloroso que solo estar allí en Alexandria, te dificultaba el respirar.
Aún recordabas como habían sido sus últimos días de vida, como tú pequeño Tadeo peleaba contra la fiebre mientras poco a poco sucumbía a la muerte.
Daryl no estaba en esa ocasión, y cuando regresó, fue solo para enterarse de que su hijo había enfermado gravemente y había muerto.
Los problemas y miseria empezaron a partir de allí.
— ¿Te puedo acompañar? —
Te tensaste al escuchar su voz, pero no volteaste. Solo mirabas la tumba de tu hijo, sin ser capaz de mirar a los ojos del hombre.
Los ojos de Tadeo también habían sido azules. Azules como los de su padre.
Daryl no recibió respuesta por parte tuya, así que solo suspiro y se arrodilló, observo el carrito verde en tus manos y todos los recuerdos de su hijo le atormentaron, como era cada noche. Dejó un par de flores y se dedicó a mirar la pequeña cruz la cual tenía tallada el nombre de Tadeo Dixon.
— Lamento lo de Henry... — empieza el hombre y lo detienes.
— No, no necesito esto ahora—
Daryl no dice nada y te voltea a ver.
— Perdóname... Perdóname por todo lo que te dije la última vez que te vi —
— No puedo hacer esto ahora Daryl, por favor —
— Necesitamos hablar —
Niegas y miras por última vez la tumba de tu hijo, para luego levantarte y empezar a alejarte con rapidez del hombre.
Daryl no se da por vencido y se levanta, siguiéndote.
— _______ — te llama pero continúas caminando, Daryl gruñe en molestia y corre hasta tomarte del brazo y obligarte a detenerte. — ¡Basta! —
Miras a cualquier otra parte que no sea a él, y sientes aquella horrible presión en el pecho, niegas y cierras los ojos.
— No me hagas volver a vivir esto Daryl, me dejaste claro lo que pensabas y estabas muy seguro de lo que decías —
— Estaba herido, estaba destrozado, no podía con la culpa de dejarte pasar por todo esto sola —
Abres tus ojos los cuales ya tenías acuosos, y miras sus ojos directamente.
Los pequeños ojos de Tadeo con su pequeña sonrisa te invaden tu mente y sin poder evitarlo, la palma de tu mano golpea la mejilla de Daryl.
— Me dejaste sola por irte a buscar un fantasma que hace tanto tiempo dejó de existir... No estabas mientras Tadeo lloraba por las noches preguntando por ti, no estuviste cuando la fiebre empezó, no estuviste cuando lo llevé en brazos gritando por que lo volvieran a la vida... ¡No estuviste allí cuando evitaron que se volviera un maldito caminante! — gritaste esto último mientras sentías como todas esas barreras que habías construido en estos años, empezaban a flaquear y desmoronarse por el dolor. — ¡Me culpaste por no ser una buena madre! ¡Me culpaste por no cuidarlo! — golpeaste su pecho mientras descargabas tu dolor reprimido en él. — ¿Dónde estabas tú todo ese tiempo? ¡Buscabas a un muerto! —
Daryl bajo la cabeza dejando que las lágrimas recorrieran sus mejillas, escuchándote, dándose cuenta de cuánto te había lastimado.
— ¡Me hiciste creer tanto tiempo que Tadeo murió por no poder protegerlo de algo que no era capaz de evitar! ¡Me hiciste vivir un infierno mientras me culpaba por no mantenerlo con vida...! Me lastimaste tanto, tanto que aún así nunca fui capaz de odiarte, por que mi amor por ti era tan grande que creí que podría soportarlo... —
Llevas tus manos a tu rostro y te rompes en un amargo llanto. Lloraste todo lo que te habías reprimido tantos años, lloraste la muerte tu hijo, la muerte de tu hermano. Llorabas por ser incapaz de odiar a Daryl.
— Perdóname, perdóname... — suplicó el hombre mientras se dejaba caer de rodillas frente a ti, sujetándose de tus piernas. — Perdóname por hacerte tanto daño... No merecías esto, jamás mereciste esto. Lamento tanto dejarte sola _______, todos estos años no e sido capaz de verme a un espejo, por que odio ver al hombre que te dañó, odio ver al hombre que fue partícipe para crear lo más hermoso y puro de este mundo para luego perderlo. Odio al hombre que justo ahora te está haciendo sufrir y revivir todo esto... Odio que no me odies aunque lo merezco —
Llevaste tus manos a su cabeza mientras llorabas y sujetaste con fuerza su cabello, sentías a Daryl temblar en tus piernas mientras los escuchabas llorar.
— Lo siente, lo siento tanto... Lo siento... Perdimos a Tadeo, perdimos a nuestro pequeño... Lo siento —
Como pudiste hiciste que se levantara y lo envolviste en un abrazo, Daryl se abrazo con fuerza en ti y recargo su cabeza en tu pecho como un niño pequeño.
Ambos estaban sufriendo, habían sufrido tanto tiempo que ahora solo podían consolarse en los brazos del otro, como debían de haber hecho desde que Tadeo había muerto.