Este es el lugar donde Daryl Dixon te huele, te acecha... y te elige.
Él no necesita hablar para hacer que todo tu cuerpo reaccione.
Solo basta una mirada suya, una respiración cercana, una caricia que no llega pero se siente.
Aquí, tú eres la presa...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Recuerdo la noche en aquella granja, la noche en que me entregué a Daryl, la noche que nos entregamos por completo, como confesamos nuestros sentimientos y fuimos uno solo durante los siguientes días hasta que se tuvo que marchar para buscar a los nuestros.
Había sido una de las últimas noches que había estado feliz, unas en las que no había preocupación ni temíamos sobre qué pasaría en el futuro, solo éramos él y yo.
Pero ahora, en este momento, estaba aterrada, el dolor que sentía en mi cuerpo me hacía creer que me partiría en dos, y estoy segura de que no estaba demasiado alejada de la realidad.
El labor de parto había empezado hace horas, y lo que debería ser el momento más feliz de mi vida, rodeada de los que amo, del hombre que amo, ahora era llena de terror y angustia.
Fuera del granero en el que nos ocultábamos había una fuerte tormenta, la lluvia golpeaba las puertas de manera violenta, y como si eso no fuera lo peor, los caminantes trataban de entrar.
Todos estaban en las puertas, peleando, luchando por muestras vidas, todos menos yo y la pequeña Judith, quien lloraba histéricamente y por mi parte, quien gritaba por que había llegado el momento de pujar.
— ¡_______ resiste! — escuche a alguien gritar, pero no sabía de quien se trataba, solo jadeaba el nombre de Daryl.
Bajo mis prendas inferiores, y tanteo con mis dedos, tratando de saber si ya había dilatado, pero me llevo con la sorpresa de que sentía la cabeza. Era ahora o nunca.
Doblo mis rodillas y recargada en paja y viejos sacos me tomo unos segundos, tratando de respirar bien.
Miro hacia donde todos están y es entonces que miro sus ojos azules dilatados por la adrenalina y preocupación.
— Daryl... — susurro, para luego gritar y lanzar mi cabeza hacia atrás, sintiendo como mi cuerpo se desgarraba, lloro, golpeó mis manos contra el suelo y rasguño mi piel. — ¡Por favor! — grito a la nada, llena de dolor, sintiendo mis mejillas empaparse por mis lagrimas, o tal vez por el sudor.
Ya no sabia que pasaba.
Cierro mis ojos mientras vuelvo a pujar y y grito una vez mas, presa del dolor, escucho los jadeos de todos en las puertas, escucho los gruñidos de los caminantes, escucho a Judith, y me escucho a mi.
Siento unas manos posarse en mi piernas y abro mis ojos, encontrándome con Maggie.
Veo el terror en sus ojos, pero también veo la decisión en ella.
— Vamos ________, lleva media cabeza fuera — masajea mis muslos y pone una chaqueta debajo de mi, donde mi bebé está por llegar al mundo. — Lo haremos juntas —
— Duelo — gimo, apretando los dientes mientas siento otra fuerte oleada de dolor, me inclino mientes pujo una vez más.